{"id":10777,"date":"2012-01-27T00:00:00","date_gmt":"2012-01-27T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/des-mza.infd.edu.ar\/sitio\/el-anillo-de-cristal\/"},"modified":"2012-01-27T00:00:00","modified_gmt":"2012-01-27T00:00:00","slug":"el-anillo-de-cristal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/el-anillo-de-cristal\/","title":{"rendered":"El anillo de cristal"},"content":{"rendered":"<p class=\"sitio_noticia_volanta\" >\n<h3>El anillo de cristal<\/h3>\n<p class=\"sitio_noticia_copete\" >\n<hr class=\"sitio_noticia_contenido\" \/>\n<p >\n<p>CONTIN&Uacute;A&nbsp; DE P&Aacute;GINA ANTERIOR<\/p>\n<p>Chap&#8230;chac&#8230;chap&#8230;chac&#8230;chac&#8230;Lisandro&nbsp; maneja las tijeras de podar con soltura. Busca los espalderos y se adentra en la hilera. Mira y elige. La vi&ntilde;a baja le resulta m&aacute;s c&oacute;modo porque no tiene que trabajar con los brazos levantados como en el parral.<br \/>Toma el racimo hinchado, maduro, con su mano izquierda y con la tijera busca el tallito y chap, corta y echa el racimo al canasto. A veces tiene que tironear un poco porque los zarcillos est&aacute;n enredados en el alambre, pero debe cuidar que no se desgrane el racimo. Todo eso sabe Lisandro.<br \/>Esta ma&ntilde;ana el calor es intenso. Se coloca la gorra y prende bien los pu&ntilde;os de la camisa para evitar que el pegajoso jugo que se va acumulando en las manos pase al brazo. Luego atrae moscas y muchos mosquitos. Tambi&eacute;n paquitas y esas picaduras son muy molestas.<br \/>Llenan el canasto entre todos y su pap&aacute; Pascual lo levanta sobre el hombro&nbsp; y lo lleva al cami&oacute;n. Lisandro sabe que dentro de unos a&ntilde;os m&aacute;s, ser&aacute; &eacute;l quien haga ese trabajo, cuando sea m&aacute;s fuerte para poderse los veinte kilos que pesa el canasto.<br \/>Esta ma&ntilde;ana no est&aacute; del todo contento, est&aacute; fastidiado y se siente cansado, cosa rara en &eacute;l. Mira hacia el fondo de la hilera y le parece enorme el tramo que falta cosechar.<br \/>-Vamos Lisandro, est&aacute; flojo sta ma&ntilde;ana &ndash;le dice su madre quien tambi&eacute;n cosecha a ratos, porque tiene que atender al beb&eacute;-.<br \/>-Estoy cansado &ndash;contesta el ni&ntilde;o-<br \/>-Termine la hilera pues.<br \/>Lisandro se esfuerza y llega al final. All&iacute; hay buena sombra que dan los olivos. Se sienta y no sabe por qu&eacute; siente adentro una tristeza suave. Piensa que extra&ntilde;a la escuela y que le gustar&iacute;a ir ahora, aunque tambi&eacute;n se dice que es aburrida.<br \/>El ni&ntilde;o escucha voces y mira, sabe qui&eacute;nes son: algunos chicos del pueblo que andan en bicicleta. Los amigos de las fincas est&aacute;n todos cosechando. Antes de que caiga piedra o hiele o llueva mucho hay que levantar la uva. Eso lo sabe cualquiera.<br \/>Sigue sentado. Debe ir por las hileras pero se queda sentado porque la sombra est&aacute; fresca. El ruido llega tenue brrbrrbr&#8230;y Lisandro levanta la mirada. El avi&oacute;n plateado, chiquito all&aacute; arriba, surca el cielo y deja una cola blanca. Lisandro piensa en voz alta:<br \/>-&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; ir adentro de una avi&oacute;n?&nbsp; -y se dispuso a volver al trabajo, escucha:<br \/>-&iexcl;Lisandrooo! &iquest;qu&eacute; stahaciendo ah&iacute; echado? Vamos pues &ndash;la voz de su pap&aacute;.<br \/>Lentamente se levanta desperez&aacute;ndose. Corta un grano de uva grande, m&aacute;s grande que los dem&aacute;s, llamativo, lustrosamente negro y comienza a morderlo despacio, saboreando el dulce juguito, dulce y sabroso y crish, casi se rompe un diente. Algo mordi&oacute; Lisandro y escupe y mira: es&#8230;&iexcl;un anillo! &iexcl;un hermoso anillo todo transparente con una perlita chiquita como una gota de agua! &iexcl;un anillo como si fuera de agua!<br \/>Lisandro lo toma, lo mira, lo da vueltas entre sus dedos, asombrado, lo mueve sin dejar de contemplarlo. El sol se refleja en su transparencia, tornasolando las facetas y lo ilumina, lo enciende. Lisandro, hechizado, no puede sacar la vista del anillo. Entonces se lo coloca en el dedo medio de la mano derecha. El anillo brilla con el sol y &eacute;l comienza a sentir un estremecimiento interior que lo vigoriza. &ldquo;&#8230;ahora&#8230;c&oacute;mo puede haber un anillo adentro de un grano de uva?&#8230;-se encoge de hombros como diciendo no s&eacute;- voy a terminar la otra hilera porque no me siento cansado ahora&#8230;ser&aacute; que ya descans&eacute;&#8230;pero&#8230;cosecho ligerito&#8230;a que le gano al Genaro que siempre&nbsp; me molesta jug&aacute;ndome carrera&#8230;&rdquo;<br \/>-Eh, Genaro, te alcanc&eacute; y te llevo media hilera de ventaja &ndash;grita Lisandro- ja&#8230;&eacute;l que se cree muy fuerte&#8230;ahora yo tengo fuerza y&#8230;uy, casi arranco el alambre&#8230;-y acomoda las ramas para que no se note- tengo sed&#8230;y mucho calor&#8230;tengo sudado el cuerpo&#8230;no s&eacute; qu&eacute; me pasa&#8230; &iexcl;Ya voy pap&aacute;! &ndash;grita y luego en voz baja &ndash;termino esta hilera y voy&#8230;<br \/>Corta racimos y llena canastos y no deja de observar el anillo en el dedo. Espera que los dem&aacute;s le pregunten pero nadie lo hace. Ninguno parece darse cuenta del anillo.<br \/>Termina la jornada. Lisandro lava el canasto en las piletas y sigue&nbsp; mirando el anillo. A su lado, todos conversan, se preguntan, se responden, y el parloteo entre chistes y comentarios pero nadie comenta nada del anillo. Lisandro sospecha que los dem&aacute;s no lo ven.<br \/>-&iquest;Qu&eacute; te ha pasado hoy, tarz&aacute;n? Parece que tuvieras electricidad en el cuerpo &ndash;comenta Ernestina con risas en los ojos. &ldquo;No me gusta la Ernestina, siempre se est&aacute; burlando de todos&#8230;qu&eacute; se cree&#8230;&rdquo;<br \/>-Y a vos qu&eacute; te importa&#8230;<br \/>Y se fue.<br \/>Las milanesas con papas fritas le gustan mucho a Lisandro, as&iacute; que come con hambre. De postre duraznos y , claro, uva. Lisandro come con hambre pero callado, reconcentrado. Mira el anillo y comprueba que los dem&aacute;s no lo ven, porque a nadie pod&iacute;a escaparle cuando &eacute;l toma los cubiertos y el anillo se destaca en el dedo. Esperaba preguntas que nadie hizo.<br \/>Termina de cenar y sale a caminar por el callej&oacute;n de los membrillos, que ya se ven como pelotitas verdes, chiquitas. La noche esta calurosa , agradable y clara, porque hay luna llena. La luz de la luna cae plateada y transparente. Lo intriga el anillo que le brilla en el dedo medio como si tuviera luz adentro y que los dem&aacute;s no ven.<br \/>Alejados un poco de la casa, se sienta en un tronco y&nbsp; contempla el anillo. Remol&oacute;n, el perrito, le pisa los talones siguiendo sus pasos. Lisandro pone la mano delante de los ojos del perro y &eacute;ste ladra asustado.<br \/>-Remol&oacute;n s&iacute; lo ve &ndash;comenta Lisandro en voz baja-.<br \/>Lo toma, lo hace girar entre sus dedos y se detiene en cada una de las facetas. Piensa y vuelve a pensar.<br \/>-&iquest;C&oacute;mo es posible que un anillo pueda estar dentro de un grano de uva? &iquest;C&oacute;mo pudo entrar? &ndash;Remol&oacute;n lo mira y a&uacute;lla bajito.<br \/>El anillo destella en azules y violetas tenues, luego tornasolados de anaranjados y verdes que le record&oacute; a Lisandro el arco iris. Luego predominan rayos dorados seg&uacute;n la inclinaci&oacute;n que le diera Lisandro.<br \/>-No puede entrar al grano de uva sin romperlo&#8230;&iquest;y por qu&eacute; los otros no lo ven?&#8230;pero no tengo miedo&#8230;ha de ser algo&#8230;como las hadas, as&iacute;. Es muy lindo&#8230;-el muchacho comienza a entender el anillo como sumamente valioso- &iexcl;yo lo encontr&eacute;!&#8230;&iquest;cu&aacute;nto costar&aacute;? &#8230;no, no se vende ni se compra porque los otros no lo ven&#8230; yo solito nom&aacute;s&#8230;pero no tengo miedo&#8230;<br \/>Y se queda sentado al borde de la hijuela escuchando el agua y mirando, mirando el anillo que se enciende como una luci&eacute;rnaga en el dedo, con una cosquilla en el est&oacute;mago&#8230; <br \/>Los rayos de luna caen suaves y el ni&ntilde;o no puede quitar la mirada del cristal que titila con colores suaves e intensos envolvi&eacute;ndolo en una enso&ntilde;aci&oacute;n extra&ntilde;a, hasta que entre los rayos se dibuj&oacute; el rostro perfecto de una joven que apenas se mostr&oacute; unos segundos y se desdibuja y aparece otra vez y se borra y se superpone y en instantes se muestra en im&aacute;genes claras y por instantes se vuelve confusa y luego aparece otra vez el rostro y el anillo se enciende y se ti&ntilde;e de colores violetas &#8230;Lisandro extasiado lo mira y hace girar esa alhajita entre sus dedos y estaba por hablar cuando:<br \/>-&iexcl;Lisandro&#8230; Lisandro! &ndash;el anillo se apag&oacute;- ac&aacute; est&aacute;s. &iexcl;me asust&eacute; cuando no te encontraba!<br \/>Dec&iacute;a su mam&aacute; entre los ladridos del perrito que parec&iacute;a asustado.<br \/>-Estaba descansando.<br \/>-No se aleje sin decir, pues! Bastante trabajo todo el d&iacute;a para tener disgustos a la noche. Venga a la casa&#8230;que su padre ya se fue al boliche &eacute;se&#8230;<br \/>El ni&ntilde;o camina silencioso junto a Remol&oacute;n que va y viene inquieto ladrando a todo lo que ve.<br \/>-&iquest;Qu&eacute; le pasa a Remol&oacute;n? Ya&#8230;quedate quieto&#8230;&iquest;est&aacute;s asustado&#8230;? &iquest;de qu&eacute;&#8230;? &ndash;y dirigi&eacute;ndose a Lisandro- calmalo&#8230;<br \/>Lisandro le hace morisquetas al perrito mientras caminan hacia la casa.&nbsp; De repente se detiene y como turbado, dice:<br \/>-Viene temblor pa ma&ntilde;ana.<br \/>La madre lo mira asombrada y no sabe c&oacute;mo entender las palabras del muchacho.<br \/>-Ya est&aacute;s leyendo sonceras.<br \/>Lisandro se da cuenta de que no debe de hablar. De que&nbsp; por alguna raz&oacute;n, algo o alguien lo ha elegido a &eacute;l y los dem&aacute;s no lo saben. De manera que el muchacho decide callar y tratar de desentra&ntilde;ar el misterio de ese anillo que ha llegado a sus manos de &iquest;casualidad? Vaya a saber&#8230;<br \/>-Era un chiste, para asustarla&#8230;<br \/>-Ah s&iacute;, encima susto&#8230;lo que me faltaba&#8230;ayudame con el dulce.<br \/>Mam&aacute; estaba preparando mermelada de ciruelas y damascos. Tiene algunos clientes en la ciudad, y tendr&aacute;n ellos para todo el invierno.<br \/>El caso es que s&iacute; tembl&oacute;.<br \/>Hab&iacute;a cosechado todo el d&iacute;a, desde las siete y media de la ma&ntilde;ana y solo descans&oacute; para comer un s&aacute;ndwich con un poco de gaseosa a medio d&iacute;a. El capataz se&ntilde;alaba los espalderos con un bander&iacute;n y se avanza r&aacute;pido porque el d&iacute;a estaba soleado y el surco seco. El patr&oacute;n estuvo todo el d&iacute;a en la finca y daba las fichas&#8230;estaba contento porque ese d&iacute;a hubo buen rinde. Todo el cuadro de las sultaninas ya estaba levantado y se llenaron los tres camiones que acarreaban. Pero ahora hay que parar porque la bodega no puede descargar tan r&aacute;pido y los camiones van a esperar todo el d&iacute;a de ma&ntilde;ana hasta que les toque descargar. Eso pone nervioso al patr&oacute;n, pero ya no hay camiones para alquilar en toda la zona.<br \/>Eso lo sabe Lisandro.<br \/>-Cuando sea grande voy a tener camiones y manejar &ndash;se dec&iacute;a- es mejor que cosechar&#8230;el chofer est&aacute; ah&iacute; sentado esperando que llenemos la caja.<br \/>As&iacute; estaban cuando de repente un fuerte remez&oacute;n de la tierra los asust&oacute; a todos. Los callejones sacudi&eacute;ndose como si fueran alfombras y las vi&ntilde;as se mueven como si bailaran, los alambres se estiran y se aflojan y se levanta mucho polvo. Un ruido ronco&nbsp; como si se encendiera el motor del universo&#8230;&iexcl;y todos asustados! Cuando fueron a reaccionar ya hab&iacute;a pasado&#8230;unos segundos dur&oacute;, nada m&aacute;s&#8230;pero &iexcl;uy, qu&eacute; angustia! La mam&aacute; se marea en los temblores, yo no, justo estaba caminando hacia la casa y escuch&eacute; como un ruido de muchas piedras as&iacute;&#8230;pero yo sab&iacute;a, yo sab&iacute;a que iba a temblar&#8230;uf, ya pas&oacute;&#8230;ante la mirada significativa de su madre, dijo:<br \/>-Lo dije por decir y result&oacute; cierto&#8230;<br \/>Y ah&iacute; qued&oacute;.<\/p>\n<p>&#8212;- <br \/>Lisandro est&aacute; escuchando los grillos en la noche. All&iacute; sentado contra el espaldero del parral, escucha los grillos y los zumbidos de mosquitos. Se queda mirando con atenci&oacute;n los bichitos de luz que prenden y apagan su farolito. Unos pocos, pero &iexcl;tan bonitos!<br \/>Su mam&aacute; le cuenta:<br \/>-Antes, cuando yo era chica, hab&iacute;an tantos bichitos de luz que la finca se llenaba de lucecitas por las noches de verano&#8230;era muy bonito mirar hacia all&aacute; &ndash;y se&ntilde;ala hacia los parrales-.<br \/>-&iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; que ahora no hay?<br \/>-Y&#8230;vaya a saber&#8230;<br \/>-Los insecticidas &ndash;dice su pap&aacute;- por curar las frutas matan los insectos.<br \/>-El perro del Dami&aacute;n se envenen&oacute; por eso &ndash;comenta &eacute;l-<br \/>Y luego silencio. Todos miran televisi&oacute;n y entonces Lisandro sale a la oscuridad para ver su anillo de cristal que brilla como nunca.&nbsp; Lo quita del dedo y lo observa gir&aacute;ndolo. Los destellos viol&aacute;ceos y azules, dorados y transparentes parecen querer mostrarle alguna figura, alguna imagen apenas insinuada.<br \/>-&iquest;Qui&eacute;n eres? &ndash;pregunta Lisandro como si se tratara de alguna persona- &iquest;qu&eacute; me quieres decir? &iquest;Por qu&eacute; los dem&aacute;s no pueden verlo y&nbsp; yo s&iacute;?<br \/>El anillo se encendi&oacute; m&aacute;s a&uacute;n, como si expulsara llamitas multicolores, como si fueran peque&ntilde;&iacute;simos fuegos artificiales&#8230;<br \/>-Parece que quisieras mostrarme algo&#8230;<br \/>Y el anillo le mostr&oacute; el rostro de una muchacha que Lisandro reconoce, esos ojos negros y el moreno de su cabello, una bincha sobre la frente. Un instante y se disipa. Y el muchacho ve un racimo de uva grande, tupido, con granos dorados. El&nbsp; racimo gira y brilla. Lisandro entiende algo, entiende un mensaje sin palabras, entiende como si siempre hubiera sabido:<br \/>-Bueno s&iacute;&#8230;pero yo quisiera ir a la escuela&#8230;bueno no, me gusta tambi&eacute;n la vi&ntilde;a y mi pap&aacute; me va a dar el dinero que me gane&#8230;bueno, si queda algo porque quiere comprarse una moto y un DVD&#8230; y todo lo dem&aacute;s que hay que gastar&#8230;<br \/>El anillo mostr&oacute; un arco iris que recorr&iacute;a su redondel en el cielo y ca&iacute;a el extremo en una cepa. A Lisandro le pareci&oacute; que era la cepa de donde cort&oacute; el grano que conten&iacute;a el anillo, pero no estuvo seguro.<br \/>-No entiendo c&oacute;mo pudiste entrar en el grano sin romperlo.<br \/>Un gran trueno anunci&oacute; la tormenta de verano. Remol&oacute;n se acoquin&oacute; junto a su amo.<br \/>&nbsp;El anillo se apag&oacute;.<br \/>&#8212;- <br \/>Como hab&iacute;a ca&iacute;do macanudo chaparr&oacute;n, no fue posible cosechar al otro d&iacute;a; los surcos estaban muy embarrados y en partes todo lleno de agua, imposible entrar.<br \/>-Hay que esperar&nbsp; que el agua se seque &ndash;dijo el patr&oacute;n-.<br \/>De todas formas, dos de los camiones todav&iacute;a estaban esperando turno en la bodega, as&iacute; que todos descansaron ese d&iacute;a.<br \/>Lisandro fue a la escuela.<br \/>Fue en bicicleta, la dej&oacute; con cadena y candado en el patio y entr&oacute;&#8230;cuarto grado.<br \/>-C&oacute;mo se nota que hoy no se puede cosechar &ndash;dijo la se&ntilde;orita Agustina, que as&iacute; se llama su maestra- porque han venido&nbsp; todos&#8230;bueh&#8230;.vamos a aprovechar el d&iacute;a.<br \/>Y se larg&oacute; con cuentas y cuentas y problemas y ejercicios y&#8230;no, si es jodida la escuela&#8230;no s&eacute; qu&eacute; es mejor&#8230;y Lisandro de tanto en tanto mira su anillo que brilla. En medio de todos los chicos en el aula, se apaga, y luego, nadie lo ve sino &eacute;l. Durante el recreo jugaron a la pelota, eso le gusta a Lisandro, correr y correr con la pelota en los pies. Con el negro Rodr&iacute;guez se entienden bien en los pases, se ubican para recibir y rematar&#8230;y en lo mejor toca el timbre y luego&#8230;&iexcl;Oh maravilla! Fueron a la sala de inform&aacute;tica donde un maestro joven les ense&ntilde;a a usar las computadoras nuevas que la directora les hab&iacute;a anunciado al finalizar el a&ntilde;o anterior.<br \/>Lisandro atiende las indicaciones con los ojos bien abiertos y toca el teclado y el mouse con un poco de timidez y mucho cuidado&#8230;a ver si hago l&iacute;o&#8230;se dec&iacute;a&#8230;Se encendi&oacute; la pantalla&#8230;&eacute;l&nbsp; hace clic con el mouse y aprieta las teclas que el profesor le indica.<br \/>-En esta primera clase &ndash;dijo el profesor- les voy a dejar que busquen lo que quieran ver. Adentro de esta cajita hay much&iacute;simos libros con dibujos y con movimiento&#8230;a ver&#8230;<br \/>Cuando le lleg&oacute; el turno, Lisandro dijo:<br \/>-Quiero ver el mar.<br \/>El profesor se asombr&oacute; un poco, despu&eacute;s toc&oacute; esta tecla y la otra, una flechita apuntaba cuadritos en la pantalla y apareci&oacute;&#8230;primero un mapa que ten&iacute;a marcados en azul y dec&iacute;a oc&eacute;ano&#8230;y luego&#8230;Lisandro hac&iacute;a clic en un cuadrito y el mar empez&oacute; a acercarse y vio las olas&#8230;altas&#8230;y los barcos &#8230;y la espuma en las playas y los delfines y las ballenas y los nombres de los mares del mundo y cuando el encantamiento lo iba sumergiendo en el inmenso azul, toc&oacute; el timbre&#8230;<br \/>No pudo concentrarse en las clases que siguieron y hasta el anillo estaba apagado. Cierra los ojos y ve las olas altas que caen y se deshacen con mucho ruido&#8230;y mira hacia el horizonte y &iexcl;es tan inmenso! Cierra los ojos pero no duerme, lo atrapa la espuma de la escollera donde el agua golpea y salta hasta sobrepasar las piedras&#8230;y los delfines y las ballenas y los infinitos peces de colores y&#8230;.<br \/>-Pero yo no tengo miedo &ndash;se dec&iacute;a despacito en su cama.<br \/>Clap, clan, clan, chask<br \/>Al otro d&iacute;a&nbsp; s&iacute; se pudo cosechar&#8230;<br \/>Lisandro trabaja en silencio porque su pensamiento est&aacute; en otra parte&#8230;en la pantalla de la computadora, en las olas del mar y&#8230;esa muchacha que apenas aparece cuando el anillo comienza a brillar&#8230;a Lisandro le recuerda alguna imagen, pero como solo dura un instante no puede verla bien.<br \/>As&iacute;, el oto&ntilde;o se instala bien c&oacute;modo en el almanaque y el fr&iacute;o se adue&ntilde;a de las ma&ntilde;anas tempranito y de las tardecitas. Ya termina la cosecha, se ha levantado la uva y todos participaron de un asado que el patr&oacute;n regala para festejar. Y ahora s&iacute;, Lisandro va todos los d&iacute;as a la escuela. Ahora maneja la computadora con soltura y busca las im&aacute;genes del mar&#8230;<br \/>-En el mar tanta agua&#8230;pero aqu&iacute;&#8230;-piensa Lisandro-.<\/p>\n<p>&#8212;- <br \/>Don Pascual camina los surcos observando los alambres casi desnudos. Las hojas, como c&aacute;scaras amarillas van resquebraj&aacute;ndose con el fr&iacute;o, y van cayendo una a una, aunque con la brisa caen todas juntas.<br \/>Hace fr&iacute;o.<br \/>El invierno aparece con sus rondas de heladas y el aire seco penetra los sarmientos y las manos sarmentosas de don Pascual. En sus manos las tijeras&#8230;clap&#8230;clip&#8230;clap..cloc&#8230;<br \/>Es la poda.<br \/>Esta rama s&iacute;, esta yema no, este mugroncito a cuidarlo, cortamos ac&aacute;, dejamos all&aacute;.<br \/>Lisandro est&aacute; en la escuela.<br \/>Desde el fin de la cosecha todos los chicos est&aacute;n en la escuela por la ma&ntilde;ana.<br \/>Siempre va en bicicleta, a pesar de la helada de madrugada, pero &eacute;l sabe que estar&aacute; calentito en la escuela. Recuerda don Pascual cuando &eacute;l iba, porque don Pascual fue hasta tercer grado a la misma escuela a la que va su hijo. Recuerda. Mientras camina, solo recuerda. Cada uno llevaba un tronquito cada d&iacute;a y entre todos prend&iacute;an la salamandra. El aula se calentaba lindo&#8230;mejor que su casa que siempre estaba fr&iacute;a.<br \/>Lisandro camina con Remol&oacute;n pegado a sus pies,&nbsp; por los surcos en la tibia siesta. El sol cae a pleno y hasta se quit&oacute; el pul&oacute;ver de lana porque al sol y trabajando siente calor. Es lindo trabajar a la siesta&#8230;a Lisandro le gusta el silencio.<br \/>Con el hilo pl&aacute;stico est&aacute; atando los sarmientos que su padre dejara por la ma&ntilde;ana. Los ata contra el alambre para que crezcan y se estiren enred&aacute;ndose y ordenadas, as&iacute;, cuando lleguen los racimos, el peso no inclinar&aacute; la planta: &eacute;ste ac&aacute;, aqu&eacute;l as&iacute; y la hilera se va adornando con mo&ntilde;os blancos como una ni&ntilde;a en la comuni&oacute;n.<br \/>El anillo de cristal.<br \/>Lo lleva en su dedo siempre, pero de un tiempo a esta parte est&aacute; opaco, apagado, silencioso.<br \/>Nada le dice.<br \/>Lisandro lo observa m&aacute;s ahora que llega a la parra bajo el olivo donde lo encontr&oacute;, de donde arranc&oacute; el grano tan grande. Lisandro est&aacute; esperando algo, pero no sabe qu&eacute;.<br \/>Los primeros comentarios no llamaron la atenci&oacute;n del muchacho. Los escuch&oacute; un par de a&ntilde;os atr&aacute;s y lo coment&oacute; su padre. Sin embargo tiene la sensaci&oacute;n de que en la finca las cosas siempre han sido de la misma manera. Pero ahora la falta de agua se hace sentir en los turnos de riego.<br \/>-Le mand&eacute; un poco de agua a los durazneros, don Carlos, pero hace falta m&aacute;s. Poca agua en el canal ven&iacute;a, don&#8230; &ndash;le oy&oacute; decir a su pap&aacute;-.<br \/>-Y la pagamos bien pagada &ndash;coment&oacute; don Carlos-.<br \/>Y para colmo la maestra les hizo leer un recorte de diario sobre el agua y c&oacute;mo cada vez hab&iacute;a menos hielo en la cordillera y entonces los r&iacute;os&#8230;<br \/>-En todo el mundo falta &ndash;dijo la maestra- y Lisandro ve&iacute;a el mar con sus enormes olas estrell&aacute;ndose en las escolleras.<br \/>La se&ntilde;orita Agustina habl&oacute; de agua salada y agua dulce y les ense&ntilde;&oacute; la diferencia y todos supieron que el agua del mar no se puede beber ni usar para cultivos ni para nada&#8230;el agua del mar no se puede usar para nada&#8230;bah! Lisandro sinti&oacute; como un cosquilleo que sub&iacute;a desde el est&oacute;mago&#8230;luego empez&oacute; a explicar de r&iacute;os y lagunas, evaporaci&oacute;n y despu&eacute;s la lluvia, como un c&iacute;rculo de agua que sube en vapor y baja lluvia y luego explic&oacute; algo de recalentamiento que nadie entendi&oacute; bien y todos al recreo&#8230;<br \/>Pero Lisandro, como todo el mundo en las fincas, sabe que el turno de agua viene m&aacute;s distanciado y con menos caudal. Y que el patr&oacute;n se rasca la cabeza y est&aacute; preocupado&#8230;<br \/>-Poca nieve este a&ntilde;o &ndash;coment&oacute;- y al muchacho le pareci&oacute; que don Carlos tampoco entend&iacute;a mucho&#8230;<br \/>-Bueh- dijo- ya se arreglar&aacute;&#8230;.<br \/>Cuando cae el sol y la temperatura baja, Lisandro deja el trabajo, ordena las herramientas y camina hacia su casa. Tiene que hacer deberes de la escuela. Se abriga, busca su bicicleta y hace el mandado hasta el almac&eacute;n.<br \/>-Az&uacute;car, una masa para tarta, pan y medio kilo de queso&#8230;pa m&aacute;s no alcanza &ndash;le dijo su madre. El dinero de la cosecha se ha esfumado y Lisandro piensa que alg&uacute;n d&iacute;a se va a comprar una computadora para &eacute;l.<br \/>Caminan por los surcos juntos, don Pascual y Lisandro. No hablan porque ya saben lo que uno puede decir y el otro contestar. Todo est&aacute; en un estado de tal quietud que solo cabe el silencio, como el idioma de la tierra.<br \/>Caminan lento, de vez en cuando don Pascual levanta una rama que cruje y se cae.<br \/>Seco.<br \/>Todo seco.<br \/>La tierra se resquebraja a sus pies.<br \/>Los sarmientos se quiebran al tocarlos.<br \/>Pocas hojas amarillas.<br \/>Los racimos abortan al nacer peque&ntilde;os granos verdes amarronados.<br \/>Seco.<br \/>Todo seco.<br \/>Los turnos se han suspendido porque no hay qu&eacute; repartir&#8230;poco agua y es para beber&#8230;&iquest;y qu&eacute; vamos a comer?<br \/>Lisandro recuerda el mar. Tanta, tanta agua y no se puede usar&#8230;<br \/>Seco.<br \/>Todo seco como las caras de todos que se ajaron igual que las hojas del parral. Les ha salido nervaduras a los brazos de tan seca que est&aacute; la piel. La vida parece desprenderse de los cuerpos como se desprenden las hojas de los &aacute;rboles.<br \/>Lo &uacute;nico abundante es la tristeza.<br \/>Hasta el gesto del perrito es triste, con las orejitas ca&iacute;das y los ojitos opacos. No corre por los patios ni ladra con alegr&iacute;a cuando llega alguien de la familia.<br \/>Sobra tristeza y ni una gota de agua. Ni una nube siquiera.<br \/>El sol es tan candente y quema de tal forma que todo parece asfixiarse bajo los rayos implacables.<br \/>Y mueren.<br \/>Muchos mueren como mueren los damascos y los ciruelos.<br \/>Tambi&eacute;n mueren las gallinas y los cerdos. Caen muertas las torcazas como frutos marchitos desde los &aacute;rboles.<br \/>Todo as&iacute;, de golpe.<br \/>Lisandro est&aacute; sentado bajo el alero de su&nbsp; casa mirando el triste cuadro de vi&ntilde;a seca y la nada abundante.<br \/>Ya no desea la computadora. Tampoco va a la escuela, casi nadie va. &iquest;para qu&eacute;?<br \/>Ya no camina por los surcos, imposible bajo el sol quemante. &iquest;para qu&eacute;?<br \/>Solo, sentado bajo la escasa sombra del alero&#8230;el olivo al final de la vi&ntilde;a, doblado y mustio parece llamarlo. Camina hasta &eacute;l y se sienta recost&aacute;ndose contra el tronco que lo recibe acun&aacute;ndolo, como un abuelo que est&aacute; por morir&#8230;Lisandro siente angustia en la garganta y deja salir l&aacute;grimas porque total all&iacute; nadie lo ve. Llora. Su pap&aacute; ha hablado de mudarse a otra provincia. Llora porque siente que ama la finca y quiere estar entre las vi&ntilde;as&#8230;total, nadie lo ve&#8230;<br \/>Toca con sus dedos el anillo de cristal y observa c&oacute;mo se enciende, se llena de luz, destella rayos violetas y rosados&#8230;luego un rostro sombr&iacute;o, de piel rojiza y ojos chiquitos y la mirada fea, muy fea, un instante y desaparece, queda el destello del anillo y la angustia en el coraz&oacute;n del ni&ntilde;o.<br \/>Levanta la vista hacia el final de la hilera, hacia el olivo grande a cuyo lado la vi&ntilde;a hab&iacute;a dado ese racimo m&aacute;gico y ve, con asombro, un arco iris que partiendo de la planta se eleva en una comba multicolor cuyo extremo llega muy lejos, detr&aacute;s de los picos altos que apenas se dibujan como silueta viol&aacute;cea contra el horizonte&#8230;<br \/>Ahora sabe que es imposible que con tanto sol aparezca un arco iris, porque sabe que los colores se forman por descomposici&oacute;n de la luz con las gotas de agua, de manera que sin nubes y sin gotas de lluvia no puede formarse, la maestra dio una clase con l&aacute;minas y les explic&oacute;&#8230;<br \/>Sin embargo, ah&iacute; est&aacute;.<br \/>El arco iris en todo su esplendor se&ntilde;alando la vi&ntilde;a baja al final de la hilera, junto al olivo grande.<br \/>Y el anillo en su dedo medio encendido como una brasa.<br \/>Se incorpora y camina hacia la cepa baja que se&ntilde;ala el extremo luminoso del arco iris. Se dirige seguro, sabedor del llamado extra&ntilde;o, pero real, muy real, y por eso all&aacute; va&#8230;el anillo destella colores tornasolados, brillosos, plateados, azules, violetas, rojizos verdes, esmeraldas en haces de luz que cambian a cada paso.<br \/>Lisandro llega a la vi&ntilde;a y all&iacute; no est&aacute; el extremo del arco iris, &eacute;ste se desplaza y el muchacho lo sigue&#8230;y camina hasta el extremo de la finca, pasa el alambrado y camina a trav&eacute;s del ripial del terreno&#8230;el anillo est&aacute; encendido vivamente y Lisandro siente en sus&nbsp; piernas mucha fuerza. Esa fuerza lo empuja, el coraz&oacute;n late r&iacute;tmico y su mirada se extiende lejana, hacia las cumbres violeta.<br \/>Es largo ese andar, es interminable.<br \/>Lisandro no sabe hacia ad&oacute;nde va, sabe que tiene que seguir. Se aleja escuchando los ladridos del perrito que lo llama, el &uacute;nico que lo ve partir, pero no lo sigue. Sabe, porque los animales a veces se dan cuenta, que no debe seguirlo. Lisandro camina bajo el sol, solo. Un solitario andar hacia confines y presiente que le aguarda algo especial, algo desconocido, como un tesoro, como dicen que tiene el arco iris en el extremo. Pero no piensa que sea un cofre con oro y piedras preciosas, piensa que es algo que no sabe qu&eacute; es&#8230;ahora debe seguir caminando porque en el l&iacute;mpido cielo casi blanquecino y con el sol incandescente sobre su cabeza, &eacute;l ve el arco iris que se corre cada vez y le se&ntilde;ala un lugar detr&aacute;s de aquel picacho&#8230;<br \/>Lisandro camina por el cauce seco del r&iacute;o y sus pisadas tienen un sonido igual y parejo de crash&#8230;.crash&#8230;.crash&nbsp; siguiendo el ritmo de su marcha.<br \/>Hab&iacute;an pasado muchas horas pero &eacute;l no lo sab&iacute;a porque su fuerza interior lo empuja&#8230;lo empuja&#8230;hasta que en un momento se sienta sobre una piedra de las tantas que rellenan el cauce del r&iacute;o y dice:<br \/>-Tengo sed &ndash;y sin darse cuenta apoya el anillo en sus labios agrietados.<br \/>A sus pies, el arroyo comienza como un hilito de agua apenas visible, y poco a poco crece y ya canta entre las piedras&#8230;es apenas un sonido leve, un rumorcito de agua fresca y Lisandro se lava la cara, las manos se moja la cabeza y bebe. Bebe gasta saciarse.<br \/>Ahora se siente mejor.<br \/>Vuelve a sentirse fuerte y dispuesto.<br \/>-Debo continuar &ndash;dijo en voz alta.<br \/>Y el peque&ntilde;o arroyito desaparece dejando las piedras mojadas que en poco tiempo se secan.<br \/>La marcha sostenida y pareja lo hace avanzar a trav&eacute;s de distancias largas por arenales y barrancones. Camina siguiendo el lecho seco del r&iacute;o y de vez en cuando, al levantar la mirada, el arco iris le se&ntilde;ala un punto en el horizonte. Atraviesa alguna hondonada y reaparece por encima del barranco&#8230;camina siguiendo una invisible senda siguiendo un punto elevado en el horizonte as&iacute; como los navegantes de anta&ntilde;o segu&iacute;an alguna estrella. Camina por tierras yermas con yuyales bajos llenos de espinas. Camina sobre piedras calcinadas que rellenan el lecho del r&iacute;o. Camina horas y horas sin llevar la cuenta y sin que el cansancio lo detenga. Se sobrepone y las fuerzas reaparecen. Las piernas se mueven solas en ese eterno caminar y caminar al comp&aacute;s de sus propios pasos sobre la granza del lecho del r&iacute;o&#8230;crash&#8230;crash&#8230;.crash&#8230;en un ritmo parejo&#8230;<br \/>Ya cae la noche y el aire un poco m&aacute;s fresco lo alivi&oacute;. Lisandro se sienta&nbsp; sobre una piedra y dice mirando el anillo encendido:<br \/>-Tengo hambre.<br \/>A sus pies apreci&oacute;, sobre una piedra bien plana como si fuera una bandeja, un pan redondo y crocante y un trozo de queso. Tambi&eacute;n un racimo de uvas y un par de duraznos dulces y perfumados. Cuando se inclina para tomarlos, la ve. Ve el rostro que hab&iacute;a aparecido&nbsp; antes: una ni&ntilde;a muy linda, de cabellos negros como sus ojos y&#8230;no sabe qu&eacute; m&aacute;s porque fue un instante, siempre es as&iacute;, un instante y &eacute;l se queda esperando con el deseo de saber. Pero tiene la imagen clar&iacute;sima&#8230;ella esta all&iacute;, con las leves ondas entre las piedras.<br \/>Ya no est&aacute;.<\/p>\n<p>Lisandro comi&oacute;, repuso sus fuerzas, se apoy&oacute; contra la barranca y se qued&oacute; dormido. No supo cu&aacute;nto tiempo durmi&oacute;, hasta que escucha el chistido insistente de una lechuza que se posa pr&oacute;ximo a &eacute;l. La lechuza lo mira con sus enormes ojos, aletea y chista de nuevo.<br \/>La luna los ilumina con luz plateada de luna llena.<br \/>-&iquest;Qui&eacute;n eres?&nbsp; -pregunta Lisandro.<br \/>-Soy quien te cuida mientras caminas por mis dominios.<br \/>-Aah&#8230;&iquest;y c&oacute;mo te llamas?<br \/>-Pues&#8230;lechuza. Me llamo lechuza. Ahora escucha &ndash;dice la lechuza entre sus chis&#8230;chis&#8230;vas a caminar mucha distancia hasta que llegues a la fuente primera del agua. Es un viaje muy dif&iacute;cil, pero siempre vas a encontrar quien te ayude. Tienes el anillo de cristal. Todos sabemos qu&eacute; debe hacerse con el humano que tenga el anillo de cristal. <br \/>A Lisandro le pareci&oacute; que conoc&iacute;a los ojos, el rostro, algo en la lechuza le sonaba a conocido, a facciones que alguna vez hubiera visto, pero no terminaba de ubicar d&oacute;nde y c&oacute;mo. Cuando volvi&oacute; a hablarle, la mir&oacute; fijamente y entonces percibi&oacute; esa aparici&oacute;n un instante,&nbsp; fugaz, lo hab&iacute;a visto en el anillo de cristal.<br \/>-La fuente primera del agua&#8230;s&iacute;, entiendo &ndash;dijo Lisandro. Conoc&iacute;a la misi&oacute;n que lo eligi&oacute; a &eacute;l, y con toda calma la aceptaba, pues, se dijo, haber encontrado el anillo de cristal&nbsp; deb&iacute;a traer algo especial para &eacute;l. Una misi&oacute;n ligada a las vi&ntilde;as, a los duraznos, a los surcos&#8230;<br \/>-Como nadie lo ve sino yo&#8230;es algo que yo debo hacer. &ndash;dijo en voz alta. La voz le tembl&oacute; un poco.<br \/>-&iquest;Tienes fr&iacute;o?&nbsp; -pregunt&oacute; la lechuza.<br \/>Lisandro pens&oacute; un momento si ten&iacute;a fr&iacute;o y no, no ten&iacute;a fr&iacute;o, pero ten&iacute;a un temblor por dentro que&#8230;<br \/>-Ah&#8230;no tengas miedo. No vas a estar solo. Todo lo que vive te va a ayudar&#8230;chis&nbsp; -dijo la lechuza.<br \/>-&iquest;Todo lo que vive? Eso no entiendo.<br \/>-Pues&#8230;chis&#8230;bueno, todo depende del agua y todos necesitamos agua&#8230;a todos nos interesa que se libere la fuente primera de agua&#8230;<br \/>-Mmm&#8230;.s&iacute;&#8230;claro&#8230;todo&#8230;.todo es todo&#8230;<br \/>Lisandro palp&oacute; su anillo y &eacute;ste confunde su luz plateada con la del amanecer, blanquecina y creciente. Mira el lecho del r&iacute;o, sin agua, alfombrado de guijarros de muchas formas y colores. El esqueleto de un sauce sediento y en la extensi&oacute;n, todo es sequedad.&nbsp; El muchacho levanta la vista y la cordillera muestra lejana, muy lejana, su altura de tonos violetas y azules con manchones blancos.<br \/>Lisandro suspira hondo: la distancia es infinita:<br \/>-All&aacute;, arriba, en sus adentros, debe estar esa fuente primera.<br \/>Se pone de pie, arregla sus cositas y comienza a caminar. La lechuza lo saluda con un chistido prolongado y eso le da confianza. Seguramente lograr&aacute; llegar&#8230;pero &iquest;ad&oacute;nde? Otra vez el sonido igual, parejito de sus zapatillas sobre las piedras&#8230;chas, chas, chas, chas..solo escucha su propia marcha sobre el acarreo mon&oacute;tono del arenal.<br \/>Al atardecer se siente aliviado. La tardecita trae una brisa fresquita. Lisandro est&aacute; cansado. Muy cansado. No puede dar un paso m&aacute;s. Las zapatillas se est&aacute;n rompiendo de tanta piedra que pisa. Tiene hambre y sed.<br \/>Se sienta en una piedra grande y la desesperaci&oacute;n lo va ganando.<br \/>-&iquest;Qu&eacute; estoy haciendo aqu&iacute;?&nbsp; -dijo casi llorando- quiero volver a mi casa.<br \/>Recost&oacute; la cabeza contra la piedra y se escaparon las l&aacute;grimas. Recordaba su cama, su bicicleta, las vi&ntilde;as, la escuela, la clase de inform&aacute;tica&#8230;las l&aacute;grimas trazan unas huellitas en la carita llena de tierra, en las grietas de la piel seca. Puede llorar porque est&aacute; solo. Nunca llora frente a otros, as&iacute; le ha ense&ntilde;ado su padre. As&iacute; dice su abuelo. As&iacute; hacen los criollos que conoce, las mujeres lloran como en la novelas de la televisi&oacute;n, pero no los hombres como &eacute;l, que no ven novelas en la televisi&oacute;n. En ese lugar tan solitario, ganado por el cansancio y la confusi&oacute;n, deja que las l&aacute;grimas caigan lentas, como las lloviznas del invierno&#8230;<br \/>Baja la vista: el anillo de cristal tiene luces rojizas, rosadas, anaranjadas. Juega con los rayos y hasta parece re&iacute;rse.<br \/>Levanta la vista: el arco iris relumbra en el cielo sin nubes. Los colores bien n&iacute;tidos como fluorescentes contra el celeste.<br \/>Recuerda la voz de la maestra mientras&nbsp; les hac&iacute;a ver a trav&eacute;s de un trozo de cristal: hasta le parece ver el cuaderno cuando anot&oacute; el t&iacute;tulo: la descomposici&oacute;n de la luz. As&iacute; anot&oacute; y lo subray&oacute;, prolijo. Tambi&eacute;n hizo un lindo dibujo que pint&oacute; con esmero. &ldquo;Si no hay gotas de agua, no puede formarse el arco iris&rdquo; y lo ve nuevamente y no se explica &iquest;c&oacute;mo puede estar all&iacute;?<br \/>El anillo de cristal parece re&iacute;rse desde sus tornasoles. Es el rostro ajado que se r&iacute;e. Lisandro se siente m&aacute;s animado. Se puso de pie, se coloc&oacute; la gorra, y comenz&oacute; a caminar. Otra vez a caminar por el lecho del r&iacute;o y el r&iacute;o traz&oacute; una curva cerrada. Sobre la orilla se ve&iacute;an jarilla chilca y cha&ntilde;ares. Y cuando Lisandro sigui&oacute; la curva, all&iacute; estaba:<br \/>La mula.<br \/>Estaba quieta, quiet&iacute;sima, con las orejas paradas y los ojos apurados.<br \/>Pero lo m&aacute;s llamativo: estaba ensillada.<br \/>Lisandro se acerca despacio y despacio toma las riendas. La acaricia en el cuello y la cabeza para ganarse al animal. Mir&oacute; alrededor esperando que apareciera el due&ntilde;o que debe andar por ah&iacute;&#8230;nadie deja una mula ensillada&#8230;<br \/>-Quien sabe&#8230;-se dijo-.<br \/>Pas&oacute; un buen rato y nadie apareci&oacute;.<br \/>La mula mueve la cabeza arriba y abajo como diciendo s&iacute;.<br \/>Lisandro mira el anillo y entonces monta. Ya no tendr&aacute; que caminar. Ahora va al tranco, pero seguro y descansado. No le duelen los pies de tanto pisar piedras.<br \/>Ya m&aacute;s contento, quiso conducirla con las riendas, pero la mula, de pura mula y porfiada, sigui&oacute; el sendero que le dio la gana&#8230;bueno, tal vez el sendero que deb&iacute;a seguir&#8230;<br \/>Anduvo la mula un par de horas costeando un profundo ca&ntilde;ad&oacute;n, y luego abandona el lecho del r&iacute;o para tomar por la huella que trepa el cerro. La marcha se hizo cuesta arriba. El sol comienza a ponerse detr&aacute;s de la monta&ntilde;a y Lisandro siente fr&iacute;o. La mula contin&uacute;a el repecho un rato m&aacute;s y ya la noche se cierra. Un desparramo de estrellas en el cielo negro, como ramilletes luminosos hizo sonre&iacute;r a Lisandro. Ese algo desde arriba que le hace gui&ntilde;os en la luz azulina de la monta&ntilde;a.<br \/>La mula se detuvo cuando la huella se hizo m&aacute;s ancha. Como no sigui&oacute; caminado, Lisandro se apea. Se dispon&iacute;a a descansar recostado en una roca grande y all&iacute; estaba&#8230;un poncho azul con bonitas guardas de colores. Lo toma con desconfianza pero pensando que le ven&iacute;a muy bien porque ten&iacute;a fr&iacute;o&#8230;<br \/>-Lo habr&aacute; olvidado alg&uacute;n arriero&#8230;-se dijo mientras se lo pone- es abrigadito.<br \/>-Es para vos&#8230;nuevito&#8230;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br \/>Poco le dur&oacute; el asombro. Ya sabe que todo lo que vive lo protege porque lleva el anillo de cristal y transita por antiguos dominios. Prefiere no preguntar demasiado.<br \/>El anillo de cristal brilla como una lamparita en medio de la noche, marcando un lugarcito en el repecho del cerro. Por el rostro &aacute;spero del ni&ntilde;o bajan las l&aacute;grimas despacio. El muchacho parece dormido. Lo observan los b&uacute;hos de la noche, lo observan los cascarudos que pasean con sus antenitas en la oscuridad, lo observan algunas tard&iacute;as luci&eacute;rnagas y una que otra langosta rezagada&#8230;lo observa el lucero desde lo alto de un picacho y el viento se convierte en suave brisa cuando roza la carita de Lisandro para parecerse a una caricia &#8230;y hace silencio para escuchar el murmullo del sue&ntilde;o de Lisandro. Todos lo observan y todos creen que duerme profundo.<br \/>Pero Lisandro llora.<br \/>Despacito.<br \/>Con un dolor en la garganta por no querer llorar.<br \/>La belleza de la noche no alcanza para expulsar la tristeza suavecita que siente en el pecho, all&iacute; donde est&aacute; el coraz&oacute;n.<br \/>Tal vez&nbsp; le duele la espalda afirmada en la roca dura.<br \/>Tal vez se le enfriaron los pies cubiertos con zapatillas de falso cuero.<br \/>Tal vez extra&ntilde;a su cama arropadita.<br \/>Tal vez quiere o&iacute;r a su mam&aacute; dici&eacute;ndole &ldquo;Lisandro, apag&aacute; la luz que ya es tarde&rdquo;.<br \/>Tal vez&#8230;tiene miedo.<br \/>Tal vez no sabe bien qu&eacute; est&aacute; haciendo en esa soledad tan sola.<br \/>Tal vez piensa en lo que sue&ntilde;a, y sue&ntilde;a que las vi&ntilde;as se est&aacute;n secando, no corre agua por la hijuela y los membrillos se dieron as&iacute; de chiquitos este a&ntilde;o&#8230;y &eacute;l sabe&#8230;porque siempre estuvo en la finca y puede entenderse con las cepas y las ramas de los durazneros y los olivos.<br \/>-&iquest;Por eso me habr&aacute; elegido el arco iris? Porque yo solito encontr&eacute; el anillo de cristal y yo solito lo veo.<br \/>Bajo la b&oacute;veda inmensa donde las estrellas centellean y forman un arco luminoso. Lisandro mira tanta grandiosidad y las l&aacute;grimas tienen una emoci&oacute;n distinta, se juntan con una sonrisa suave contra el cielo oscuro.<br \/>Finalmente se duerme Lisandro. Cansado, muy cansado se duerme y sue&ntilde;a: ve el anillo y el extremo del arco iris con un tesoro, pero no alcanza&nbsp; a&nbsp; ver bien c&oacute;mo es el tesoro, y ve tambi&eacute;n una alta cima, una cima triangular con su c&uacute;spide triangular apuntando al cielo, y ve la quebrada toda blanca&#8230;blanca de glaciar&#8230;tanto blanco que siente fr&iacute;o y se arrebuja en el poncho.<br \/>Y Lisandro tiene las mejillas surcadas por abundantes l&aacute;grimas y sonr&iacute;e tambi&eacute;n.<br \/>La lechuza se mira con el aguilucho y fruncen el pico con caras de no entendemos y un cascarudo que lo ve sonre&iacute;rse entre l&aacute;grimas le dice a una ara&ntilde;a de esas que salen de noche &iquest;y a &eacute;ste qu&eacute; le pasa? Y la ara&ntilde;a se encoge de hombros como diciendo &ldquo;qui&eacute;n sabe&rdquo; y sigui&oacute; avanzando con sus ocho patas: una por ac&aacute;&#8230;otra por atr&aacute;s&#8230;la del costado&#8230;la del otro lado&#8230;y luego se vuelve y dice al cascarudo:<br \/>-Lo cuidan los padres&#8230;&iexcl;ojo con &eacute;l!<br \/>El anillo de cristal brilla como una lamparita en medio de la noche, marcando un lugarcito en el repecho de la monta&ntilde;a.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>El amanecer pinta de tonos dorados las cumbres m&aacute;s altas. Una brisa casi&nbsp; fr&iacute;a mueve suavemente las ramas de jarillas y muy muy lejano se escucha el canto de un gallo.<br \/>Lisandro se estira. Tiene la espalda adormecida por dormir contra la roca.<br \/>Cuando se hubo despertado del todo, baja hasta el arroyo que luc&iacute;a transparente y cantar&iacute;n esa ma&ntilde;ana&#8230;&iexcl;brrr, qu&eacute; fr&iacute;a el agua!<br \/>Ya bien despierto, abre las alforjas para desayunar, pan y queso. &iexcl;qu&eacute; ganas de tomar leche! &ndash;dijo en voz alta. El anillo se encendi&oacute; como si fuera una linterna y Lisandro escucha los pasos sobre las piedras: all&iacute; est&aacute; la cabra. Con un balido lo llama. Lisandro comprende y la orde&ntilde;a. Bebe su leche impecable.<br \/>Ahora se siente reconfortado. Repasa en su mente y susurrando todo lo que debe hacer. Mira el anillo de cristal. Luces tornasoladas de verdes y azules. Un rayo blanco se&ntilde;ala una direcci&oacute;n. El muchacho comprende. Arregla todas las cosas y monta en la mula, que ya esta impaciente.<br \/>-Adi&oacute;s &ndash;dice la cabra moviendo la cabeza arriba y abajo mientras destaca sus cuernos.<br \/>Mucho sendero camina la mula y Lisandro se hamaca sobre ella escuchando el clak&#8230;clak de las pezu&ntilde;as sobre las piedras. Se cruzaron con un zorro que los salud&oacute; moviendo su elegant&iacute;sima cola&#8230;&iexcl;qu&eacute; olorcito&#8230;! luego encontraron una manada de guanacos que caminaban por la ladera del cerro. El relincho lo mir&oacute; desconfiado, &eacute;l tiene la responsabilidad de cuidar la manada y no puede exponerla a ning&uacute;n peligro, y cuando aparecen los hombres&#8230;<br \/>-Yo soy Lisandro, y tengo el anillo de cristal &ndash;dijo el muchacho mostrando su dedo-.<br \/>-Lo cuidan los padres &ndash;agreg&oacute; la mula-<br \/>El guanaco oli&oacute; el aire y emiti&oacute; un relincho aprobando. Todos los dem&aacute;s guanacos despejaron la huella,&nbsp; y el cam&eacute;lido salud&oacute; el paso del muchacho sobre la mula moviendo la cabeza. Lisandro le agradeci&oacute; y levant&oacute; la mano para saludar.<br \/>Suben. Cada paso era un escal&oacute;n hacia arriba. Los senderos ascendentes siguen la curvatura de la monta&ntilde;a y en cada giro se siente la altura.&nbsp; Hacia abajo, el paisaje cambia constantemente: los verdes se desmayan en tonos clar&iacute;simos, las lejan&iacute;as se hacen m&aacute;s visibles con siluetas azuladas, el r&iacute;o es una mineral raya bajando, bajando; y hacia los costados, los picos con sus glaciares achicados son vecinos, est&aacute;n cerca y su blanco parece una manta cubriendo el picacho.<br \/>Suben. La mula con el paso seguro, afirma las pezu&ntilde;as, ora sobre un piso pedregoso, ora sobre granza resbaladiza, ora sobre tierra, la mula parec&iacute;a conocer cada pedacito de suelo donde se afirma con precisi&oacute;n, por lo que Lisandro va tranquilo y traqueteando sobre el lomo.<br \/>Suben. Los senderos se estiran siguiendo el faldeo hacia arriba, imponiendo el ritmo lento del&nbsp; paso monta&ntilde;&eacute;s.<br \/>El aire m&aacute;s fr&iacute;o, m&aacute;s puro.&nbsp; Se escucha la brisa entre las piedras, su secreto de tiempos milenarios. Canta como recuerda Lisandro el canto del agua &nbsp;corriendo por los canales para que la vi&ntilde;a fructifique. El viento le recuerda el canto del agua, el viento se vuelve brisa para murmurarle secretos de alturas a Lisandro. Y en el muchacho el coraz&oacute;n late feliz. Una exaltaci&oacute;n desde adentro le arrancaba asombro y placer de sentirse en medio de un extra&ntilde;o paisaje lleno de misterio que &eacute;l pronto sabr&iacute;a. Como un pr&iacute;ncipe hacia su coronaci&oacute;n, as&iacute; marcha Lisandro sobre su mula caminadora en la l&iacute;nea sinuosa del sendero cordillerano. Como marchando hacia un tiempo original y limpio.<br \/>Cuando vieron sobrevolar el c&oacute;ndor sobre ellos, Lisandro le dijo a la mula que se detuviera.<br \/>-Ya es casi medio d&iacute;a y tengo hambre &ndash;dijo-.<br \/>Hab&iacute;an llegado a un play&oacute;n rocoso que se abr&iacute;a contra la monta&ntilde;a de roca viva. Era un espacio abierto entre la monta&ntilde;a y el despe&ntilde;adero, de manera que el muchacho consider&oacute; que podr&iacute;a descansar y comer algo. Mir&oacute; la pared de piedras y vio aberturas como si fueran cavernas, pero no les prest&oacute; mayor atenci&oacute;n. Luego de apearse de la mula, busca en sus alforjas el pan y un poco de queso que trae, alg&uacute;n durazno que quedara.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con hambre lo muerde pero&#8230;&iexcl;casi se quiebra los dientes! El pan comenz&oacute; a pesar y Lisandro, sin comprender qu&eacute; pasaba, lo mira, lo palpa, lo gira en su mano:<br \/>-&iexcl;Se ha transformado en piedra!<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mula, impasible, se puso a mordisquear unas plantas secas y pobres que se aferraban a la ladera.<br \/>-Pero&#8230;&iexcl;&iquest;viste lo que pas&oacute;?! &iquest;qu&eacute; voy a comer ahora?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la mula no se inmut&oacute; ni un poquito. Tranquila sigui&oacute; rumiando.<br \/>-&iexcl;&iquest;NO me oyes!? &ndash;grit&oacute; Lisandro<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; oyes&#8212;oyes&#8212;-yes&#8212;-es&#8230; &ndash;repite el eco de la monta&ntilde;a.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Lisandro le resulta divertido el eco. Nunca antes lo hab&iacute;a escuchado, nunca antes hab&iacute;a estado en un lugar donde el aire repitiera sus palabras. As&iacute;, divertido, comenz&oacute; a jugar con los sonidos&#8230;<br \/>-&iexcl;Eh, tengo hambre! &ndash;grita al borde del sendero-<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; mbre&#8212;.bre&#8212;bre&#8212;bre<br \/>-El pan se transform&oacute; en piedra &ndash;con toda sus fuerzas en la voz-<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; iedra&#8212;edra&#8212;edra&#8212;dra&#8212;a -iba palideciendo el sonido.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro re&iacute;a. Y el eco repet&iacute;a su risa.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; estuvo un buen rato, pero luego se cans&oacute; y adem&aacute;s de hambre ten&iacute;a sed. Entonces volvi&oacute; a increpar a la mula que, muy campante se hab&iacute;a echado a la sombra del picacho.<br \/>-&iquest;Y ahora que har&eacute;? Morir&eacute; sin no tengo agua, si no como algo. &ndash; dijo con mucho miedo. Empezaba a sentir desesperaci&oacute;n.<br \/>-S&eacute; lo que pasa &ndash;dijo la mula muy tranquila- es la piedra subterr&aacute;nea que ha tomado tu alimento.<br \/>-&iquest;Qu&eacute;&#8230;? &#8212;e&#8212;e&#8212;-e &ndash;el eco conversa con &eacute;l.<br \/>-&iquest;Ves esa cueva? Pues, por ah&iacute; se entra<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro abre tama&ntilde;os ojos.<br \/>-&iquest;Se entra ad&oacute;nde? &#8212;nde&#8212;de&#8212;e&#8212;-<br \/>-A sus dominios. Estamos en los dominios de la piedra subterr&aacute;nea y seguro tiene algo con vos. Creo que debes ir.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro siente un temblor intenso adentro. El coraz&oacute;n le late de prisa y como golpeteando. Ya sab&iacute;a, aunque preguntara, &eacute;l ya sab&iacute;a. Hubiera querido que le dijera que no ten&iacute;a nada que ver &eacute;l con ese hueco que ten&iacute;a delante, pero seguro iba a tener que hacer algo. Algo que lo asusta. Algo que explica por qu&eacute; est&aacute; all&iacute;, arriba en la monta&ntilde;a a la altura de los picos nevados.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mira el anillo para encontrar un rostro nuevo, como de ave de rapi&ntilde;a. Feo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mira el pan hecho piedra y entiende que no tiene otra opci&oacute;n. Tiene que enfrentar su tarea, para eso lleva el anillo de cristal, para eso lo han cuidado los animales y las plantas en el camino, para eso ha caminado tanto, tanto, que ya no sabe cu&aacute;nto hace que parti&oacute;.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al fin se decide con una enorme angustia.<br \/>-&iquest;Y qu&eacute; debo hacer?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mula contesta lo que &eacute;l tem&iacute;a y esperaba que contestara.<br \/>-Solo entrar&#8230;y buscarla.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El anillo parece empujarlo con sus luces que se estiran y se encojen con movimientos rectos como varillitas plateadas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muchacho se toma un tiempo breve para pensar mientras mira la entrada como una boca abierta y oscura. El anillo se enciende m&aacute;s luminoso y Lisandro piensa que de alguna manera tendr&aacute; luz y conf&iacute;a en que el anillo lo va a proteger. Se arropa con el poncho y como si se empujara a s&iacute; mismo entra en la caverna&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenas traspas&oacute; el umbral siente una corriente de aire fr&iacute;o que parece recorrer los pasillos que se abren hacia un lado y otro. Fr&iacute;o y h&uacute;medo. El anillo se enciende como un farol y esparce suficiente luz para que el muchacho vea donde debe poner el pie en cada paso. Camina sobre un piso de piedra h&uacute;meda siguiendo una vereda m&aacute;s o menos ancha.<br \/>-Espero que esto se arregle ligero. No me gusta nada estar en este lugar &ndash;dijo para s&iacute; mismo, para escuchar su voz en medio del silencio de la cueva.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vereda por donde camina comienza a inclinarse levemente hacia abajo. Lisandro contin&uacute;a por ella y ya siente que se enfr&iacute;an los pies y tambi&eacute;n las manos que, de afirmarse en las paredes de piedra se van raspando&#8230;<br \/>La senda se estrecha y apenas pasa su cuerpo.<br \/>-Si fuera m&aacute;s gordo, hasta aqu&iacute; nom&aacute;s podr&iacute;a llegar&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El anillo gu&iacute;a sus pasos con una luz extra&ntilde;a, blanca y azul celeste y sus rayos se mueven como si se reflejaran en el agua. As&iacute; Lisandro puede ver en esa oscuridad.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vereda gir&oacute; como si doblara una esquina interior de la cueva. Luego debi&oacute; trepar por unas piedras para despu&eacute;s bajar con cuidado porque el piso est&aacute; h&uacute;medo y &eacute;l se resbala.<br \/>As&iacute; sigue el sendero interior que gira hacia la derecha, luego sube, hacia la izquierda y se estrecha, baja y se ensancha, encuentra unas piedras que debe sobrepasar, aqu&iacute; m&aacute;s resbaladizo, all&aacute; m&aacute;s tranquilo. Lisandro se agacha, se estira, se afirma en las salientes, se hace chiquito, a veces subiendo, a veces bajando y siempre alumbrado por el anillo cuyos rayos tomaban colores diferentes como si se combinara con los tonos de las rocas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y luego se va mojando.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo el camino siente que fin&iacute;simas gotas de agua lo mojan de a poquito.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro siente un brisa fr&iacute;a que trae un leve sonido. Algo como unos golpecitos musicales en medio de un murmullo arm&oacute;nico que por momentos se transforma&nbsp; en m&uacute;sica como si alguien ejecutara un instrumento m&aacute;gico all&aacute; en las profundidades y el eco de la monta&ntilde;a lo trajera hasta &eacute;l.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asombrado, se detiene a escuchar porque no estuvo seguro si ese sonido era viento, m&uacute;sica, voz o una cuerda de guitarra tan leve que el son se confund&iacute;a con extra&ntilde;os soplidos. Entonces se detiene para escuchar mejor: tic&#8230;.ssshch&#8230;.tac&#8230;fffsss&#8230;.toc&#8230;tin&#8230;.tan&#8230;.tac&#8230;.ssschch&#8230;tac&#8230;<br \/>-&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; todo eso?&#8230;no s&eacute; en qu&eacute; l&iacute;o me estoy metiendo &ndash;dijo para s&iacute; porque no hab&iacute;a nadie a quien decirlo y tuvo mucho miedo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; estaba, quieto y como congelado, escuchando, y comienza a sentir algo raro adentro:&nbsp; unas ganas de seguir y seguir, una extra&ntilde;a atracci&oacute;n muy fuerte hacia el lugar donde los sonidos lo guiaban, una energ&iacute;a que lo empuja desde su coraz&oacute;n sin que &eacute;l pudiera contrariarla, como si esos sonidos lo tiraran de una soga invisible hacia abajo por la vereda pedregosa cada vez m&aacute;s mojada como un arroyito oculto.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No entiende bien Lisandro por qu&eacute; siente ese impulso tan en&eacute;rgico, pero s&iacute; estuvo claro que no puede volverse. Ese son como de guitarra se hac&iacute;a m&aacute;s cercano&#8230;y ya puede distinguir ese campanilleo de gotas que caen persistentes sobre las rocas.<br \/>-Algo muy raro pasa ac&aacute; adentro. Quisiera encontrar esa piedra subterr&aacute;nea y salir corriendo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La serpiente se descolg&oacute; tranquilamente desde una saliente alta de la roca y se le cruza a Lisandro por delante, como si fuera una&nbsp; soga cerr&aacute;ndole el paso. Tal susto se llev&oacute; Lisandro que peg&oacute; un salto hacia atr&aacute;s y resbal&oacute; en el piso mojado, as&iacute; que se dio un macanudo suelazo. A&uacute;n no se levanta, p&aacute;lido de susto, cuando se da cara a cara con la triangular de la serpiente que sacaba la lengua como un breve latigazo y adem&aacute;s r&iacute;e. La serpiente r&iacute;e divertida y el muchacho queda fr&iacute;o de sorpresa mirando fijamente como hipnotizado y all&iacute; reconoci&oacute; el rostro moreno. Esa figura tranquiliza algo a Lisandro.<br \/>-Vamos. Lev&aacute;ntate &ndash;le dice y le alcanza la cola como si fuera un brazo. &nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras sobreponerse al rechazo por ese&nbsp; cosquilleo de asco y miedo, toma la cola y se apoya en ella para levantarse.<br \/>-Por qu&eacute;&nbsp; me parece que yo te conozco &ndash;dijo una vez de pie-<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces la serpiente se irgui&oacute; sobre su cola y el rostro aparece, el rostro conocido y agradable, de cabellos oscuros y ojos grandes y bellos, sonr&iacute;e apenas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro se tranquiliza. Siente que puede confiar, que aunque no entiende qu&eacute; est&aacute; pasando, debe seguir.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La serpiente se mantiene altiva y desde la cabeza comienza a transformarse: el cuerpo se vuelve azulado, transparente. Lisandro ve que el cuerpo de la serpiente-ni&ntilde;a pierde consistencia y se licua. Los sonidos musicales llegan a &eacute;l con m&aacute;s nitidez.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De repente recuerda que necesita encontrar la piedra subterr&aacute;nea. Y no sabe bien d&oacute;nde buscarla y para qu&eacute; la quiere. Y dijo<br \/>-Mi pan se convirti&oacute; en piedra.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La muchacha de agua comenz&oacute; a desplazarse r&aacute;pido por un sin fin de pasadizos. Lisandro la sigue por pasadizos. Camina sobre el piso mojado, como si se desplazaran por un hilo de agua que corre por las piedras. El muchacho comprende que ya no puede volver sin ayuda porque no puede saber por d&oacute;nde van: giran y eligen uno de los tantos t&uacute;neles que salen para un lado y otro. Pero se escucha n&iacute;tidamente ese sonido de gotas que se estrellan contra algo, como cristales y que por momentos parecen sonidos musicales de alg&uacute;n arpa escondida.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos pasadizos son muy angostos y Lisandro debe pasar arrastr&aacute;ndose como la serpiente-mujer que lo gu&iacute;a. A veces debe escalar algunas piedras subiendo y luego deslizarse bajando. En ocasiones se coloca de costado, y despu&eacute;s puede erguirse cuan alto es porque atraviesan peque&ntilde;as b&oacute;vedas. Lisandro est&aacute; todo mojado. Las gotas caen sobre &eacute;l y sin darle importancia sigue a la mujer de agua que se desplaza como si no tocara el piso.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un momento no la vio m&aacute;s.<br \/>-&iexcl;Espere! &ndash;grit&oacute; Lisandro- no se vaya- tras unos minutos de silencio absoluto- &iquest;c&oacute;mo vuelvo? No s&eacute; volver, esp&eacute;reme&#8212;ere&#8212;er&#8212;eme&#8212;me&#8212;-me -repite el eco en lo profundo de la caverna-.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro cree que est&aacute; en otro mundo o algo as&iacute;. Est&aacute; solo en medio del silencio y la oscuridad&#8230; &ldquo;estoy muerto y me llevan al &iquest;ser&aacute; al infierno?&#8230;bueno, tan malo no he sido&#8230;&rdquo; y avanza despacio, despacio y llora de angustia y sin querer, llora y las mejillas cobrizas se mojan de l&aacute;grimas porque tiene mucho miedo y todo est&aacute; oscuro y no sabe ad&oacute;nde va ni c&oacute;mo volverse. Arrastr&aacute;ndose avanza y cuando empuja el cuerpo adelantando el brazo izquierdo, el anillo se enciende e ilumina la cara de Lisandro porque tiene la mano pegadita a su mejilla.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luces blancas como una peque&ntilde;a linterna que le dejan ver un poco ese t&uacute;nel estrecho, con paredes h&uacute;medas y que por el techo gotea y esas gotas se hacen charcos en el piso&nbsp; y&nbsp; mojan la ropa de Lisandro.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora avanza m&aacute;s tranquilo y desde su asombro se pregunta mil cosas. Tiene sensaciones extra&ntilde;as y no sabe si est&aacute; vivo o muerto, en la tierra o d&oacute;nde. Pero un par de raspones que se hizo en las rodillas y en los codos cuando se arrastraba, le arden mucho, as&iacute; piensa que solo los vivos sienten dolor, fr&iacute;o y hambre como siente &eacute;l.<br \/>-As&iacute; que debo estar vivo. Porque yo tengo que encontrar la piedra subterr&aacute;nea y liberar el agua para las vi&ntilde;as &ndash;se dijo en voz alta y, por&nbsp; primera vez entiende bien qu&eacute; est&aacute; haciendo en esa caverna en lo profundo de la cordillera.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al girar por el pasillo visualiza un resplandor blanquecino. Siente que llega a alguna parte y camina hacia esa luminosidad, un poco m&aacute;s consolado y decidido. El pasillo comienza a ampliarse y Lisandro puede caminar erguido&#8230;y ah&iacute; est&aacute;n los sonidos. Cada vez m&aacute;s claros, m&aacute;s intensos y musicales.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro, obsesionado, se apura. El anillo brilla con luces multicolores como si bailaran alguna danza gozosa. Llega por fin a una entrada semicircular y se encuentra con una gruta grande y redonda, asombrosamente iluminada con destellos de colores como si condensara el arco iris completo en su espacio, y la m&uacute;sica de campanillas, arm&oacute;nica y tintineante.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero lo que m&aacute;s asombra a Lisandro son los cristales multicolores que, en forma de prismas, se elevan desde el piso y tambi&eacute;n cuelgan desde el techo y desde las rocas salientes. El muchacho levanta la vista y observa que el techo es una gran b&oacute;veda y de ella caen gotas de agua que al chocar con los cristales forman el m&aacute;s hermoso concierto que jam&aacute;s haya escuchado.<br \/>-&iexcl;Es maravilloso! &ndash;dijo, e inmediatamente calla porque cualquier sonido importunaba esa extra&ntilde;a m&uacute;sica. Escucha y siente una conmoci&oacute;n interior, como un embrujo. Ese j&uacute;bilo de sonidos y colores en las profundidades insospechadas de la monta&ntilde;a lo envuelve. Lisandro percibe lo sublime. Calla y escucha: planc&#8230;plinc&#8230;zing&#8230;zot&#8230;.y destellos anaranjados, rojizos, violetas, verdes, azules, ocres, amarillos&#8230;un templo de piedras luminosas, m&aacute;s bellas que los rub&iacute;es y amatistas, transparentes y tornasolados, m&aacute;s sonoras que cualquier m&uacute;sica que haya escuchado.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puede salir de la emoci&oacute;n, de esa sensaci&oacute;n hacia adentro, nueva, una congoja hasta las l&aacute;grimas. Nada dice y se queda all&iacute; quieto, atento, invadido de una paz exquisita. Absorto contempla&#8230;es algo m&aacute;s elevado que el cielo y m&aacute;s profundo que la tierra, late precipitado el coraz&oacute;n, late, y la garganta anudada no permite palabra alguna&#8230;.porque no hay palabras que describan ese secreto escondido&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El secreto de la monta&ntilde;a que lo ronda, como un susurro inconsistente y corp&oacute;reo, una presencia absoluta y sabe, profundamente sabe, que est&aacute; frente a la revelaci&oacute;n esencial del principio y fin de la vida.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All&iacute; se queda. En la caverna abovedada como un templo, en un lugar sin tiempo. Sin el sol, es imposible el tiempo. No puede haber horas ni relojes. El tiempo es solo estado de ingravidez y elevaci&oacute;n y a Lisandro no le pesa el cuerpo.&nbsp; Se siente como un pensamiento sublime. Solo esp&iacute;ritu y sensaci&oacute;n.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como hechizado, gira alrededor de la miles de campanillas hechas de agua cristalizada y creciendo en una eterna canci&oacute;n.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mira hacia la b&oacute;veda sobre su cabeza y comprende: desde el techo caen en continua danza las gotas de agua.&nbsp; Gotas y m&aacute;s gotas, peque&ntilde;as, suaves, casi imperceptibles, que se apilan, se adhieren, se amontonan&#8230;y se convierten en peque&ntilde;os cristales. Ahora&nbsp; las&nbsp; sienten sobre su cuerpo porque lo mojan&#8230;plic sobre su cabeza&#8230;resbala por el mech&oacute;n de cabello negro&#8230;plac, un gota sobre el hombro&#8230;y esa se mete en el poncho&#8230;ploc, la gota justo en la oreja, Lisandro r&iacute;e&#8230;tac, una sobre la zapatilla&#8230;Lisandro sonr&iacute;e y piensa que est&aacute;n jugando con &eacute;l en una especie de ronda, y las horas pasan o no&#8230;no est&aacute; seguro del tiempo porque se est&aacute; divirtiendo mucho, est&aacute; hechizado con tanta belleza hecha de cristales que cuelgan, que emergen del piso, de las salientes de las rocas, con tantas luces de suaves colores como arco iris peque&ntilde;os desparramado por todas partes, est&aacute; aprendiendo la m&uacute;sica de las campanitas que suenan como tri&aacute;ngulos tocados por mano m&aacute;gica.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Camina hacia un lado, y hacia el otro jugando con las gotas, camina en c&iacute;rculo siguiendo el trazado de la gruta&nbsp; y de repente encuentra la boca de una galer&iacute;a a cuyo fondo un resplandor amarillento y d&eacute;bil rompe la oscuridad. De repente recuerda:<br \/>-&iexcl;La piedra de la monta&ntilde;a! &iexcl;Esa que tiene el poder de convertir el pan en piedra!&#8230;&iquest;Cu&aacute;l ser&aacute;?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque no le gusta la idea, entra por esa puerta. Siente una extra&ntilde;a atracci&oacute;n y no puede controlar sus pasos, tiene que ir hacia esa d&eacute;bil luminosidad por el pasadizo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Camina y camina, tropieza a veces, se afirma en las paredes h&uacute;medas, las gotas lo mojan pero ya no le hace gracia, no est&aacute; jugando. Se lastima las manos de tanto afirmarse. Se moja los pies porque va caminando sobre el agua que corre por el piso.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y lo peor: no sabe ad&oacute;nde va.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro contin&uacute;a por el t&uacute;nel guiado por el resplandor. &ldquo;Esa luz est&aacute; aqu&iacute; nom&aacute;s&rdquo;<br \/>-piensa-. Una pared le cierra el paso y &eacute;l gira hacia su derecha&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resplandor parece alejarse.<br \/>-Esto no puede ser&#8230;los rayos son siempre rectos, no trazan curvas&#8230;&iquest;c&oacute;mo es que yo los ve&iacute;a y ahora&#8230;?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiene miedo. Mucho miedo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiene fr&iacute;o y hambre.<br \/>-Esta cueva es interminable y no s&eacute; c&oacute;mo voy a salir&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apura el paso y sin pensar nada, sigue el resplandor. Esa d&eacute;bil luz se aleja a medida que &eacute;l se acerca. Un pasadizo y otro&#8230;dobla hacia la izquierda y luego otra vez: llega a una caverna redonda y la luz le hace se&ntilde;as desde una abertura para que siga por all&iacute;&#8230;Lisandro sigue&#8230;trepa por unas rocas hasta alcanzar la ventana iluminada all&aacute; arriba&#8230;ya olvid&oacute; el hambre y casi no tiene fr&iacute;o porque el miedo le aprieta el est&oacute;mago y lo hace transpirar&#8230;pasa por ese agujero y se encuentra en otro t&uacute;nel&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro camina.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sigue la luz y camina.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resplandor amarillento parece jugar a las escondidas con &eacute;l&#8230;de pronto desaparece tras un recodo, de pronto aparece a su frente y cuando Lisandro se dirige a ella, le hace se&ntilde;as a su espalda. <br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Exhausto, se sienta sobre el piso.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desconcertado.<br \/>-&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevo as&iacute;, persiguiendo una luz? &iquest;cu&aacute;ntas horas y por qu&eacute;? No existe tiempo en lo profundo de la monta&ntilde;a porque aqu&iacute; no llega el sol. &iquest;y esa luz de d&oacute;nde viene? &iquest;es una luz?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no&nbsp; quiere hacerse preguntas. Con las ganas de saber el secreto, se pone de pie y avanza. Las piernas se aflojan de cansancio, duelen&#8230;piensa que va a caer all&iacute; mismo y se va a dejar estar&#8230;pero sabe que tiene que andar&#8230;as&iacute;, el retorcido pasadizo traza una esquina y &eacute;l gira y&#8230;se da de lleno con todo el afuera y el sol a pleno. Ah&iacute; est&aacute;: la boca de salida. Unos pasos m&aacute;s, y Lisandro se desploma cansado contra un pe&ntilde;asco estirando su cuerpo al sol que lo recibe con tibieza, dulcemente. Est&aacute; empapado. As&iacute; permanece, sintiendo el calorcito que lo arropa&nbsp; y se durmi&oacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tac&#8230;toc&#8230;.tac&#8230;tong&#8230;tuc&#8230;los pasos de la mula sobre las piedras.&nbsp; Hab&iacute;a estado cuidando el sue&ntilde;o de Lisandro, pero sabe que ya es hora de continuar.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acerca la carota a las mejillas del muchacho y lo empuja suavemente. Pero &eacute;l estaba muy cansado y profundamente dormido. Pero la&nbsp; mula insiste. Hasta que por fin abre los ojos, toma conciencia de su despertar y se siente extra&ntilde;o.<br \/>-Tengo hambre &ndash;y busca en las alforjas lentamente, todav&iacute;a el sue&ntilde;o pegado a sus movimientos.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encuentra pan: estaba tierno y crujiente, como reci&eacute;n horneado. Encuentra queso sabroso. Encuentra charqui y uva. Deliciosas uvas moscatel. Queso y uva &iexcl;qu&eacute; rico! Uva, queso y un poco de pan. Repone fuerzas y recompone su entendimiento.<br \/>-Veo que has encontrado la Madre Piedra, y ella te ha aceptado &ndash;dijo la mula.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro iba a contestar, pero un tropel de ideas confusas y recuerdos desordenados vinieron todos juntos como el agua de una creciente y entonces no dijo nada.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordaba profusamente.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordaba colores, luces, sonidos, asperezas y suavidades, fr&iacute;os y asombros.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordaba con su mente, con su&nbsp; cuerpo, con su piel, con sus o&iacute;dos, con su&nbsp; cansancio. No pod&iacute;a poner en palabras todo aquello que ya sab&iacute;a porque ahora se sent&iacute;a extra&ntilde;o.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adentro de &eacute;l, en ning&uacute;n lugar y en todo su cuerpo, como incorporado a sus venas, le recorre una sensaci&oacute;n desconocida que lo hace feliz. Lo empuja.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiene muchas energ&iacute;as.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comienza a saber que en lo profundo de la cordillera y bajo la arena y bajo las piedras resecas se genera la chispa luminosa condensada en una gota de agua.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se siente sabedor y distinto.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noche emponch&oacute; el cielo que pas&oacute; de un azul intenso al negro estrellado.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y la luna como un gran farol.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro se incorpora y comienza a caminar por sendas de piedras. Hay un secreto que las piedras le entregan. Bajo la luz intensa de la luna que a cada paso parece m&aacute;s cerca, Lisandro pisa seguro y avanza. Avanza subiendo y pone tensi&oacute;n al avanzar.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sigue la senda que sube. Busca un misterio en lo alto de ese pico con nieve en la cumbre. La nieve refleja, plateada,&nbsp; la luz de la luna y conforman una extra&ntilde;a fantas&iacute;a de azules, violetas y a&ntilde;iles&#8230;y silencio.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A cada paso Lisandro asciende.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luna es c&oacute;mplice.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y Lisandro sabe que la monta&ntilde;a est&aacute; llena de misteriosos secretos que los hombres, all&aacute; abajo, esperan saber.<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Lisandro?<br \/>-Ha ido en busca del secreto del agua.<br \/>-&iquest;C&oacute;mo sabe eso usted, comadre?<br \/>-&iquest;No ve la tierra arenosa, el canal sin agua?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All&aacute; en su casa de la finca, el ocre y el amarillo ti&ntilde;e un paisaje extra&ntilde;o por la avanzada primavera. Los hombres miran al cielo y piden una lluvia. Miran la monta&ntilde;a y le preguntan por qu&eacute; no tiene agua el r&iacute;o.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All&aacute; en el pueblo, entre el polvo de las calles y la resolana ardiente de la tarde, la iglesia solt&oacute; campanadas pesadas y densas llamando a la oraci&oacute;n.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las gentes concurren, con arreglos apenas y cabizbajos. Hasta los hombres de las boliches y los bares dejan las cartas en una partida a medio jugar, abandonan los tacos del billar, dejan el vino rojo y oscuro como la sangre a la mitad del vaso y concurren al llamado. Todos saben en lo &iacute;ntimo que con el sagrado no se anda con vueltas y la cuesti&oacute;n del agua se ha puesto muy feo vea&#8230;<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Lisandro?<br \/>-Ha ido por agua, pues&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya concentrados en la iglesia, el padre Lorenzo comienza una letan&iacute;a larga, con muchas palabras dif&iacute;ciles y muy piadosas. Luego levantan a San Roque, patrono de los agricultores, y lo sacan de la capilla para pasearlo por las calles del pueblo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos concurren.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&#8230;el agua nuestra de cada d&iacute;a, d&aacute;nosla hoy&#8230;&rdquo;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta don Esteban se persigna al paso de la procesi&oacute;n desde la puerta de su casa en el silloncito de totora&#8230;ya no puede caminar m&aacute;s&#8230; &ldquo;cosas de la vejez&rdquo; dice &ntilde;a Romilda, la esposa&#8230; &ldquo;y qu&eacute; va hacer&#8230;los a&ntilde;os, do&ntilde;a, los a&ntilde;os&#8230;&rdquo;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos participan.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El padre Lorenzo camina con sus atuendos de puntillaje blanco delante del santo gritando oraciones que las mujeres beatas repiten y contestan&#8230;<br \/>-Agua, se&ntilde;or, agua&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Miguelito oficia de monaguillo porque est&aacute; por tomar su primera comuni&oacute;n y va delante con el bracerito prodigando incienso a derecha e izquierda&#8230;<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Lisandro?<br \/>-Donde est&aacute; el agua&#8230;en la monta&ntilde;a&#8230;<\/p>\n<p>-Se&ntilde;or, api&aacute;date de tus hijos que abren los surcos de la tierra para que los frutos que t&uacute; mismo, en tu&nbsp; infinita misericordia&#8230;. &ndash;la letan&iacute;a del padre Lorenzo. El Miguelito bosteza cansado y un poco lloroso por tanto incienso-.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego volvieron a sus casas envueltos en el silencio extendido que el misterio exige a los hombres.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pueblo es una silueta de casitas y &aacute;rboles sin un sonido, sin un respiro. Es como un sue&ntilde;o de pueblo, como si alguien lo pensara nada m&aacute;s, como un dibujo sobre el lienzo azul oscuro de la noche c&aacute;lida y estrellada, porque las personas se recogen en s&iacute; mismas temerosas y presintiendo&#8230;<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Lisandro?<br \/>-En lo alto&#8230;buscando la semilla del agua&hellip;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro se detuvo. Apoyado contra las grandes piedras de la monta&ntilde;a se deja llenar de silencio. Algo como un susurro sin sonido que adentro de su coraz&oacute;n hace ruidito y est&aacute; lleno de gotas de agua que en extraordinario concierto se eleva como dulce melod&iacute;a.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es noche.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro no est&aacute; seguro hacia d&oacute;nde seguir porque desde ese punto, varias sendas contin&uacute;an en distintas direcciones.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Descansa.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siente fr&iacute;o.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Arriba siempre hace fr&iacute;o y los glaciares reflejan una blancura de luna sobre el azul oscuro de la noche.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro mira el anillo de cristal.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El anillo de cristal se enciende como una l&aacute;mpara m&aacute;gica y Lisandro ya no siente fr&iacute;o&#8230;dibujada sin l&iacute;neas, como&nbsp; si fuera una proyecci&oacute;n, el rostro moreno sobre la piedra.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muchacho repone fuerzas con un poco de pan crocante y queso. La mula lo empuja cari&ntilde;osamente para decirle que debe continuar. &Eacute;l duda un momento y el anillo lo obliga con el movimiento de los rayos plateados.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ascenso es agotador. Cada paso cuesta y el aire parece que no entrara en los pulmones cuando respira.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asciende.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El anillo cobra luz m&aacute;s intensa cuando Lisandro siente que no puede respirar ni avanzar y entonces recobra fuerzas&#8230;avanza. Pisa hielo. Camina sobre los glaciares infinitos. Se eleva encima de picos y picachos para recibir los rayos primeros del amanecer.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Agotado, ya sabe.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que camina sobre el origen. Sobre la semilla.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All&iacute; est&aacute; el agua en bloques, filtr&aacute;ndose por las rocas en gotitas musicales que forman figuras transparentes mientras elevan melod&iacute;as de cristal.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que se encaminan hacia las planicies y luego profundo en la tierra para ascender en jugosas formas vegetales.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gira en el recodo y encuentra el peque&ntilde;o lago formado por las aguas que quieren descender. El bloque de hielo les corta el camino hacia abajo&#8230;las aguas est&aacute;n detenidas. Los r&iacute;os se recuestan en las piedras recalentadas de sol, las vertientes son invadidas de malezas y los hombres desesperan.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro se detiene en la fuente silenciosa. Arrodillado, bebe el agua helada, introduce las dos manos en los c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos que ondulan&nbsp; los rayos del anillo de cristal.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El bloque de hielo se conmueve entre colores en movimiento, tornasolados, en verdes esmeraldas, azules transparentes y dorados brillosos. Un ruido de piedras viene de las profundidades. Se estremece la tierra y los haces de luz que surgen del anillo intensifican las ondas en el agua&#8230;cava una abertura en la s&oacute;lida pared de hielo, como si se abriera una compuerta, el agua, cristalina, transparente, helada, comienza a descender formando un arroyo desde ese lago de altura.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro sonr&iacute;e.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya est&aacute;.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sienta en el hielo y se deja envolver por los rayos del sol que lo ti&ntilde;en de dorado. Lisandro brilla en la cumbre.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que &eacute;l mismo es parte del c&iacute;rculo de ascenso y descenso como lo hace el agua. Y sabe que all&aacute;, abajo, est&aacute;n esperando la parte que les toca. Mira el anillo cuya luz est&aacute; apocada por el sol que brilla y brilla.<br \/>-D&eacute;jala pasar &ndash;dijo Lisandro en voz alta-.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el silencio completo de la altura, solo se escucha el campanilleo del agua que se mueve y se escurre burlando el bloque de hielo. Lisandro se adormece de cansancio y tibieza en medio del fr&iacute;o&#8230;all&iacute; queda, quieto, sumergido en un sue&ntilde;o de hielos y cumbres, ba&ntilde;ado de sol, recostado en las rocas&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mundo de magia es quebrado por el ronco llamado de la mula. Ese llamado y Lisandro vuelve al deber&#8230;hay una misi&oacute;n que terminar. No puede quedarse. Se pone de pie y comienza a bajar. Un paso, otro, una senda cubierta de hielo porque el pe&ntilde;asco le hace sombra, un giro y el pedregullo. Es dif&iacute;cil. Pero ah&iacute; va el agua&#8230;el anillo brilla solo de blanco.<br \/>-&iexcl;Bravo Lisandro!- mir&oacute; alrededor porque no sab&iacute;a de d&oacute;nde ven&iacute;a esa voz un tanto cavernosa. -&iexcl;aqu&iacute;!<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asombrado, el muchacho comprende.<br \/>-&iquest;Una roca me habla?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El enorme pe&ntilde;asco que mantiene el hielo en la senda tapando el sol, parec&iacute;a querer acariciarlo&#8230;<br \/>-Gracias pero&#8230;<br \/>-No te asombres. Soy parte de la piedra de la monta&ntilde;a y&nbsp; -baj&oacute; un poco la voz como para decir un secreto- como conozco sus misterios&#8230;vamos, sigue, que no te sorprenda la noche aqu&iacute;, te vas a congelar&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro agit&oacute; un saludo y contin&uacute;a sus pasos hacia abajo. Hab&iacute;a ya caminado una media hora, le daba un poco de miedo el sendero que se estrecha contra la pared inmensa de la monta&ntilde;a por un lado y el abismo profundo hacia el otro. Una vereda angostita para pasar. Lisandro pega su cuerpo a la pared, casi temblando&#8230;jura que nunca vio la rama que se le cruz&oacute; y que lo hizo caer. Un golpe que doli&oacute; en las rodillas y en las manos&#8230;pero el susto lo dej&oacute; sin aliento. Luego, la risa.<br \/>-&iquest;Qui&eacute;n&#8230; qui&eacute;n se r&iacute;e de m&iacute;?<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rama se r&iacute;e de &eacute;l.<br \/>-Por tu culpa casi me mato&#8230;&iexcl;mir&aacute; si me caigo al precipicio&#8230;!<br \/>-No te dejaremos caer&#8230;-y la rama se puso r&iacute;gida-. Lisandro la mira sorprendido y luego comprende que esa rama se ha convertido en un bast&oacute;n: exactamente lo que necesita para afirmarse mientras sigue las&nbsp; huellas escarpadas.<br \/>-No me vas a jugar en falso&#8230;.no es broma este camino.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rama toma la forma de mujer vestida de hielo, gr&aacute;cil y transparente, lo ayuda a levantarse. Ese rostro moreno que le sonr&iacute;e y que es y no es verdad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro desea bajar, desea estar con su casa, con su madre, entre las vi&ntilde;as. Desea jugar con su primo el Tito, estar en la escuela y buscar el mar en la computadora. En silencio; con mucho cuidado y afirm&aacute;ndose en la rama-bast&oacute;n comienza a caminar hacia abajo. Apoy&aacute;ndolo, con firmeza, la rama habla y habla y habla todo el tiempo&#8230;tal vez comprende que Lisandro tiene miedo, est&aacute; triste y cansado y&nbsp; por eso lo distrae&#8230;<br \/>-&iquest;Pod&eacute;s callarte un ratito? Dejame escuchar&#8230;.-y se detuvo porque un rumor sordo parec&iacute;a bajar r&aacute;pido desde la monta&ntilde;a.<br \/>-Eso es, ni m&aacute;s ni menos, piedras rodando&#8230;-dijo el bast&oacute;n en un continuo parlotear- es el r&iacute;o.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro busca el anillo de cristal en el dedo y &eacute;ste emite tenues luces blancas. Siente alivio al comprobar que est&aacute; en el dedo. El ruido crece y es el rugir del agua que Lisandro identifica perfectamente. Ese ruido est&aacute; en su memoria y lo ha escuchado mientras a la orilla del canal contempla imp&aacute;vido el lomo hinchado del agua marr&oacute;n.<br \/>-Es el r&iacute;o &ndash;dijo casi gritando- por fin el r&iacute;o&#8230;&iexcl;habr&aacute; agua all&aacute; abajo!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el pueblo, la sequedad de la tierra entristece el paisaje. Las hojas caen sin que sea oto&ntilde;o. Los &aacute;rboles mustios y las ramas quebradizas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el pueblo, abajo, la tristeza de los hombres con la piel cobriza tan reseca como la corteza de los olivos.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abajo, los canales con apenas un hilito de agua y las acequias e hijuelas muy, muy secas, se agrietan en su agon&iacute;a de no tener qu&eacute; transportar hacia ninguna parte.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abajo, en el pueblo, la desesperanza.<br \/>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Lisandro?<br \/>-Arriba, pues, pastoreando l&rsquo;agua.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y las miradas silenciosas no dan cr&eacute;dito a las palabras insensatas.<br \/>-El chico se ha extraviao. Qui&eacute;n sabe d&oacute;nde ande&#8230;si est&aacute; vivo&#8230;qui&eacute;n sabe&#8230;<br \/>-Ya se sabr&aacute;.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Arriba, la pared de hielo fue cediendo: un trocito que se desprende, luego un pedazo s&oacute;lido como una piedra y entonces el agua salta a trav&eacute;s del hueco para cavar m&aacute;s ancho el agujero como una gran ventana de salida. El agua pasa atropellada, ruidosa, y los pedazos de hielo arrancados se precipitan en medio del torrente que baja con estruendo, con fuerza que se convierte en furiosa carrera. Pedazos de hielo y piedras mezclados que ruedan en medio del torrente. Y cuando salta hacia un nivel m&aacute;s bajo forma una maravillosa cascada de un blanco lechoso que las rocas gu&iacute;an hacia el cauce. All&iacute; est&aacute; Lisandro, contemplando la maravilla que ese salto ha formado entre un cerro m&aacute;s alto y otro m&aacute;s bajo, el agua salta y cae con ruido y constancia como una m&uacute;sica mineral que quiere revelar el secreto de la monta&ntilde;a&#8230;<br \/>-Pong&aacute;mosle un nombre &ndash;dijo el bast&oacute;n- ese salto no estaba aqu&iacute;. Lo ha formado el agua en este deshielo&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muchacho no responde porque est&aacute; contemplando con absoluto regocijo, sintiendo en su coraz&oacute;n una emoci&oacute;n sublime cuando oye ese canto constante del agua precipit&aacute;ndose en cascada.<br \/>-El Salto del Arco Iris. As&iacute; se llamar&aacute;.<br \/>-Me parece lindo nombre. Ahora, te dar&aacute;s cuenta que debemos cruzar el r&iacute;o para poder seguir bajando, porque desde aqu&iacute; solo tenemos&nbsp; barrancones profundos, el sendero va por la otra orilla. <br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro mira estudiando las posibles sendas. No hay paso. El r&iacute;o caudaloso se precipita cayendo en lo profundo de la quebrada y la pared lisa de piedras lustrosas a su espalda. No hay paso. Imposible cruzar. Y tampoco puede seguir bajando. Y la alegr&iacute;a de contemplar la cascada se convierte en angustia.<br \/>-Y ahora qu&eacute; hago&#8230;no puedo quedarme parado ac&aacute;&#8230;-dijo en voz alta casi con terror-.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El anillo intensifica sus colores y titila como una peque&ntilde;a estrella en el dedo de Lisandro, que se acerca a la cascada y las gotas lo salpican. Cuando una de las gotas moja la piedra del anillo, &eacute;ste se enciende m&aacute;s a&uacute;n y sus rayos de colores forman un hermoso arco iris que cruza el r&iacute;o de una orilla a otra. Todos los colores, uno a la par del otro juegan con las gotas de agua.<br \/>-Vamos, Lisandro, crucemos ahora&#8230;-el bast&oacute;n tiraba hacia delante.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los colores del arco iris brillan como las luces del &aacute;rbol de navidad. Lisandro se sinti&oacute; envuelto de luces tambi&eacute;n. En el anillo, el rostro moreno de ojos oscuros le sonr&iacute;e y Lisandro comprende: comienza a cruzar el r&iacute;o, justo junto a la cascada, caminando sobre un puente arco iris que brilla y titila y lo envuelve a &eacute;l en luces blancas mientras el anillo parece sonre&iacute;r&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; Lisandro cruz&oacute; el r&iacute;o&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hacia el final del puente arco iris, se encuentran con un ca&ntilde;averal, como esos que crecen a las orillas de los canales. Por entre ellas pasan Lisandro y la mula lo esperaba. Una de las ca&ntilde;as&nbsp; se estir&oacute; como impidiendo el paso, y luego se quiebra en varias partes. Lisandro la mira desconcertado y ya pasa por encima:<br \/>-No lo hagas, recoge el trozo. &ndash;le dijo la rama-bast&oacute;n.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toma el trozo y lo mira gir&aacute;ndola entre sus dedos. Entonces se da cuenta de qu&eacute; se trata:<br \/>-Es una quena&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asienta sobre sus labios el extremo, supla con fuerza y cubre algunos orificios. Un sonido largo y tranquilo llena el aire y luego un ritmo que ondula suave y con armon&iacute;a. Lisandro sonr&iacute;e feliz. Puede tocar m&uacute;sica y la m&uacute;sica le llena el coraz&oacute;n y hace m&aacute;s sencillo el camino, como a los pastores de los cerros. <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encuentra el sendero y comienza a descender. Cuando mira hacia atr&aacute;s, el arco iris hab&iacute;a desaparecido. El anillo apenas plateado parec&iacute;a dormido.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora debe salir del estrecho paso y se afirma en las paredes de piedra que le acarician la mano suavizando las asperezas. Un c&oacute;ndor peque&ntilde;o lo sobrevuela y ensaya un graznido suave para alentarlo como diciendo soy tu amigo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora solo se trata de caminar y caminar, siempre hacia abajo en un suave descenso. Se afirma en el bast&oacute;n que siempre tiene algo que comentar sobre cada planta y cada elevaci&oacute;n que est&aacute; a la vista. Que por all&aacute;, donde se ve aquel grupo de &aacute;lamos vive un puestero huarpe muy anciano y&#8230; que al recodo del r&iacute;o tras el cerro aquel vivi&oacute; un ni&ntilde;o milagrero que curaba con solo mirar al&#8230;que esa planta es buena para aliviar el dolor de los huesos porque do&ntilde;a Gumersinda la recetaba siempre y&#8230;que &iquest;ves aquella elevaci&oacute;n con forma de montura?&#8230; un aviador se perdi&oacute; por querer cruzar&#8230;y el mon&oacute;logo interminable entretiene &ndash;y aturde- a Lisandro que camina muy callado porque ya se sabe, hablar de m&aacute;s ofende ese templo magn&iacute;fico que rodea al muchacho. Adem&aacute;s, necesita toda la energ&iacute;a que acumula su cuerpo para poder continuar.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando el calor agobia y el agua empieza a escasear, el anillo emite rayos azules. Lentamente comienza a nublarse y las nubes lo acarician para refrescarlo. Lo rozan con suavidad y entre ellas el rostro moreno de suave sonrisa.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El silencio sublime de las alturas. Solo el chas&#8230;chas&#8230;.chas&#8230;de los pasos de Lisandro sobre la granza del sendero. Pasos que continuamente descienden.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El paisaje va cambiando. La vegetaci&oacute;n emite aromas distintos y los arbustos se doblan al paso de Lisandro para saludarlo y ofrecerle su mejor perfume. El cha&ntilde;ar mueve sus hojitas como aplaudiendo y las florecillas peque&ntilde;as a los costados del camino se mov&iacute;an como pa&ntilde;uelitos blancos.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un espinillo que creci&oacute; entre dos grandes piedras al costado del sendero le enganch&oacute; el ponchito a Lisandro con unas espinas y le dio un tir&oacute;n&#8230;<br \/>-Bravo muchacho- le dice y lo suelta &ndash;solo quer&iacute;a saludarte &ndash;sonre&iacute;a el espinillo-.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces el muchacho decidi&oacute; descansar un poco mientras conversa con la planta. Pronto se le acercan algunos zorros, un par de vizcachas y tambi&eacute;n un cachorro de puma. Todos quieren conocerlo porque su fama se hab&iacute;a extendido y se comentaba sus aventuras y trabajos por todo el campo. Y aunque Lisandro no se hab&iacute;a dado cuenta, lo iban siguiendo por todo el camino.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los aromos y algarrobos del lugar se inclinaban para darle sombra, protegerlo y mostrar su orgullo de poder cobijar a Lisandro, porque adem&aacute;s, todos sab&iacute;an que era el protegido de la Madre Piedra de la Monta&ntilde;a y con lo sagrado no se juega.<br \/>-Cu&eacute;ntanos Lisandro, c&oacute;mo es ella&#8230;<br \/>-D&oacute;nde se encuentra&#8230;<br \/>-&iquest;Conversaste con ella? Qu&eacute; te dijo&#8230;<br \/>-Cuenta Lisandro&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muchacho no sab&iacute;a qu&eacute; responder porque no ten&iacute;a idea clara de qu&eacute; estaban hablando todos. Entonces, para contentar a todos, tom&oacute; la quena de ca&ntilde;a&nbsp; y comenz&oacute; una hermosa melod&iacute;a que en medio del paisaje suena con tal armon&iacute;a que todos supieron&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Primero fue un rumor que algunos no quisieron creer. Luego el rumor tom&oacute; fuerza de grito y nadie pudo desconocerlo. El grito de don Nuncio que ven&iacute;a a la carrera, desbocando el caballo en un galope&nbsp; todo lo veloz que pudiera:<br \/>-&iexcl;Agua! &iexcl;Agua! &iexcl;el r&iacute;o viene crecido! &ndash;don Nuncio grita y revolea el poncho sobre su cabeza para llamar la atenci&oacute;n- &iexcl;El canal desborda! &iexcl;agua!<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Nuncio, del puesto Las Higueritas, arriba del Cerro Nevado, baja con todo el asombro y velocidad que puede. Todos conocen a don Nuncio, el que anuncia los caprichos de la monta&ntilde;a.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un estruendo precede su llegada, un ruido sordo y ronco. Un estremecimiento de temblor la va anunciando.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El agua ocupa todo el espacio del cauce, de una orilla a otra e inclusive se desborda. El lomo oscuro de barro y mineral arrecia en el empuje de troncos, piedras y todo cuanto se le cruza en su furiosa carrera de descenso&#8230;<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; El agua gan&oacute; el espacio y lleg&oacute; mucho antes que Lisandro.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos salen a saludar al r&iacute;o<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se quitan el sombrero.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se asoman a las orillas<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se persignan<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Repican las campanas de la iglesia.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gloria y gracias.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos lloran.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Agua!<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y esperan sin pronunciar el nombre.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya vuelve Lisandro. Trae la magia con &eacute;l.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Remol&oacute;n &ndash;el perrito- ya lo anunciaba con ladridos interminables contra el alambrado de la finca. Remol&oacute;n no necesita que le digan que su amo vuelve. &Eacute;l sabe que Lisandro est&aacute; viniendo porque lo percibe en el aire, en el paso lento de la mula, en el sonido de ca&ntilde;a que la quena de Lisandro anuncia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro llega montado en la mula.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su ponchito nuevo, con guardas de colores, abrigado.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus zapatillas embarradas y rotas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su coraz&oacute;n feliz: conoce el secreto del agua.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonriente busca el anillo de cristal.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no estaba en el dedo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no estaba.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiempo de damascos.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las tijeras cliquean entre los &aacute;rboles bajo el sol. Las tijeras parecen bichitos en la siesta.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bajo la enorme chupalla los rostros se ocultan en la sombra. Los damascos resuman perfume en las cajas. Zumban las abejas del colmenar.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiempo de duraznos.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Redondos, perfectos. Peque&ntilde;os soles colgando de las ramas.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya vendr&aacute; el tiempo de las uvas. Ahora los granos son chiquitos y verdes empujando por pintarse y crecer.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El agua corre por el surco y el azad&oacute;n va y viene sobre las acequias.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En lo de Prats las gotas son como cristales chiquitos por las mangueras. Son surcos de mangueras,&nbsp; bien colocadas, llenitas de&nbsp; gotas de agua.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lisandro sabe que este a&ntilde;o tambi&eacute;n cosechar&aacute;&nbsp; y tambi&eacute;n comenzar&aacute; la escuela para mitad de abril. Se sienta al final de la hilera a esperar algo. Las uvas est&aacute;n muy verdes y no se pueden comer. No sabe si el anillo de cristal se ha encarnado en alg&uacute;n grano. No sabe d&oacute;nde est&aacute;.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que en alg&uacute;n momento preciso lo ha de encontrar porque &eacute;l y el anillo comparten el misterio de la monta&ntilde;a.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Donde nace la vida.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Donde se engendra la semilla.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Donde est&aacute; la Piedra Madre filtrando gotas despacito, en la inmensidad del tiempo.<br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sabe porque, como todo, &eacute;l es parte&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;(In&eacute;dito)<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El anillo de cristal CONTIN&Uacute;A&nbsp; DE P&Aacute;GINA ANTERIOR Chap&#8230;chac&#8230;chap&#8230;chac&#8230;chac&#8230;Lisandro&nbsp; maneja las tijeras de podar con soltura. Busca los espalderos y se adentra en la hilera. Mira y elige. La vi&ntilde;a baja le resulta m&aacute;s c&oacute;modo porque no tiene que trabajar con los brazos levantados como en el parral.Toma el racimo hinchado, maduro, con su mano &#8230; <a title=\"El anillo de cristal\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/el-anillo-de-cristal\/\" aria-label=\"More on El anillo de cristal\">[+]<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1090,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[16,6],"tags":[],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10777"}],"collection":[{"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1090"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10777"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10777\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10777"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10777"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/superior-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10777"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}